Belize: Vecino Ignorado – Enrique Hubbard Urrea


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ENRIQUE HUBBARD URREA

BELIZE: VECINO IGNORADO

LA PERSPECTIVA DE UN EMBAJADOR DE MÉXICO

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN
I.- ORÍGENES: ARRECIFES, PIRATAS Y LEÑADORES.
II.- SOBERANÍA: CONCESIONES ESPAÑOLAS, ASENTAMIENTOS BRITÁNICOS Y EXPEDICIONES PUNITIVAS.
III.- GUERRA DE CASTAS; MIGRACIÓN MEXICANA; TRATADO DE LÍMITES.
IV.- AUTONOMÍA LIMITADA; GEORGE PRICE, PADRE DE LA PATRIA; EL HURACÁN “HATTIE” Y LA NUEVA CAPITAL.
V.- BELIZE, ESTADO INDEPENDIENTE; EL SISTEMA WESTMINSTER, GEORGE PRICE (2), LOS PARTIDOS POLÍTICOS, LA ALTERNANCIA, MR. PRICE: SIEMPRE MR. PRICE.
VI.- El DIFERENDO CON GUATEMALA: ANTECEDENTES; EL TRATADO DE 1859 (ART. 7o); SALIDA AL MAR E ISLAS “SAPODILLAS” (ZAPOTILLAS); SITUACIÓN ACTUAL.
VII.- MÉXICO Y BELIZE: APOYO ANTE EL DIFERENDO, VECINDAD, AFINIDAD, SEGURIDAD; LA FRONTERA, MIGRACIÓN Y LÍMITES.
VIII.- EL BELIZE DE HOY: MULTIETNICIDAD, LOS LAZOS CON EL CARIBE, LA ECONOMÍA, LA NUEVA CLASE POLÍTICA, “EL MINISTRO DE TODO”, CAMBIO DE GUARDIA.
IX.- UN EMBAJADOR ITINERANTE; LAS ELECCIONES DEL 98; LOS ÁRABES; EL NUEVO GABINETE.
X.- REFORMA POLÍTICA; EL MINISTRO DE TODO LO DEMAS; EL PM Y EL PRESIDENTE; PERSPECTIVA Y PROSPECTIVA.

INTRODUCCIÓN

El destino y la Secretaría de Relaciones Exteriores, no necesariamente en ese orden, me han colocado en la honrosa tesitura de representar a México en un país vecino, amigo, de suma importancia para nuestra política exterior y casi totalmente desconocido más allá de Quintana Roo: Belize.

La experiencia ha sido muy satisfactoria, amén de ilustrativa, sobre todo si se toma en cuenta la naturaleza embrionaria del estado-nación, su sistema parlamentario tan distinto al nuestro, sus orígenes británicos, la casi mítica reclamación guatemalteca, su vocación caribeña, el idioma, la cultura, etc.

Podría decirse sin intenciones hiperbólicas que hay pocos casos de naciones tan afines, tan cercanas, tan fraternales y tan distintas; pero el punto de mayor impacto en nuestras relaciones tiene que ser el desconocimiento mutuo: para ellos México es Chetumal; para nosotros, sobre todo en el norte del país, se trata de una isla de población negra, anexa a Centroamérica pero sin formar parte de ella.

Hace algunos años, por allá por 1984, como Cónsul de México en Brownsville, Texas, me enfrentaba a numerosas peticiones de visa de tránsito de beliceños, los cuales compran automóviles en los Estados Unidos y los traslada n por tierra para venta en su país. Una de las empleadas del Consulado, mexicana y de considerable experiencia en la materia, me presentó cierto día una docena de pasaporte s beliceños y mientras firmaba yo las correspondientes visas me preguntó muy intrigada:

“Oiga Cónsul, ¿y cómo pasan los negritos sus carros a la isla?”.

Confuso respondí “¿cuál isla?”.

“Pos’ su isla, Belize, ¿qué no queda por ahí por Jamaica?”.

Después de eso, impartí una larga clase de ilustración geográfica a todo el personal.

Puede ser motivo de hilaridad constatar tan supina ignorancia, pero se sorprendería usted si hiciera un experimento entre sus conocidos, el de la tienda, el peluquero, algún taxista, etc. Probablemente exista tanto o más desconocimiento que el de la empleada de marras, la cual al menos supo ubicar regionalmente a Belize en el Caribe.

Es realmente penoso reconocer dicha situación, pero sería aún peor caer en el conformismo; y aunque mi responsabilidad central como Embajador de México es promover la imagen y defender los intereses de mi país, ello no es contrario a la labor de acercamiento entre ambos pueblos, recurso siempre eficiente para facilitar las relaciones bilaterales.

A nadie extrañará entonces que mi respuesta haya sido un entusiasta ¡sí!, cuando se me invitó a escribir sobre Belize. Creo firmement e en la bondad del proyecto y por si eso fuera poco me complace enormemente platicar sobre el país donde me he iniciado como Embajador.

No soy un experto ni pretendo crear un paradigma; se trata sólo de la visión de un mexicano preocupado por profundizar en el conocimiento y la comprensión de un pueblo hermano.

Si se quiere, esto es más bien una especie de manual para principiantes.

A manera de advertencia debo dejar constancia de que la estructura del trabajo es poco científica, pero el contenido histórico, estadístico y geográfico ha sido verificado cuidadosamente. Además, por razones obvias citaré a intelectuales beliceños cuando trate algún punto controvertido, particularm ente al hablar de política interna.

No podré evitar, sin em bargo, teñir con mis propias opiniones los retratos hablados de personajes claves para la vecina nación y, para mí, inolvidables. Imagínese usted el privilegio que significa conocer al padre de la patria; o hablar de música con el Jefe de Estado: si no incluyera mi personal apreciación restaría variedad cromática a la narrativa.

Además, el estilo personal de escribir es inescapable.

Por todo ello, los invito cordialmente a escuchar con la vista mi narración de una historia fascinante, con personajes de novela, selva luju riosa y deslumbrante belleza natural; sólo pido como requisitos un poco de curiosidad, cierto grado de imaginación y ausencia de prejuicios.

Pero antes de sumergirnos en la multifacética imagen del vecino país debo hacer la primera de muchas explicaciones.

Durante todo este trabajo usar é el nombre de la hermana nación escrito con “Z”, tal como desean ellos perpetuarlo. Me inclino a conceder sus deseos porque no me gusta ver el nombre de mi país escrito con “J”, a pesar de sesudas explicaciones gramaticales.

Sin embargo, en buen castellano cambiaré a “C” en la figura del plural. Así, Belize y los beliceños conjugan el respeto por la autodete rminación y por la gramática. ¿Estamos?

Otra observación casi obligada tratándose de una segunda edición, se relaciona con dos variables igualmente importantes: la necesidad de actualizar temas, sucesos e incidencias; y el efecto del paso del tiempo en mi percepción.

Así, cuando tratamos el caso de la reclamación guatemalteca, es indispensable comentar los más recientes acontecimientos, sobre todo los acaecidos después del cambio de gobierno chapín; al explicar el sistema de gobierno y el régimen act ual, la primera edición se detenía en el momento de la elección de agosto de 1998.

Mucha agua ha pasado bajo el puente de Subteniente López desde entonces, particularmente una visita O ficial del Primer Ministro a México.  No obstante, esa elección fue a mi juicio un verdadero hito y por tanto no ha perdido actualidad su tratamiento detenido y detallado.

Y no podemos dejar de analizar la conspicua existencia de un a Zona Libre de Corozal, 5 ruidoso fenómeno en la vida fronteriza.

Finalmente, a riesgo de ser reiter ativo insistiré en la naturaleza amable de este enfoque, tanto porque pretendo dejar en la mente del lector una imagen positiva de Belize, como porque mi inclinación personal me lleva a tratar las cosas con un dejo de humor, convencido como soy de que la risa destruye los espejismos.

No me río de nadie antes de reír de mí mismo y cuando enfoco con tintes festivos a alguien no hago más que demostrar mi aprecio y afecto por ellos.

Y ahora sí, acompáñeme a estudiar las peculiar idades de nuestro admirable, entrañable y desconocido vecino.

I.- ORÍGENES: ARRECIFES, PIRATAS Y LEÑADORES.

Esta era una joya esmeralda de virginal pureza, enmarcada por un collar coralino multicolor y habitada por opulenta fauna. Su soledad sólo perturbada por cíclicas tormentas tropicales; su superficie plana sólo accidentada por rugosidades calcáreas en su región sur-oeste.

Con cerca de 23,000 Kms.2, se asemejaba por su tamaño a Tabasco y superaba ligeramente a El Salvador. Caudalosos ríos surcaban su territorio, entre la más impenetrable selva, ciénagas y pantanos infestados de insectos. A quel océano de vegetación se interrumpía de pronto para dar paso a pirámides, palacios y templos de una civilización perdida, cuya huella perdura hasta nuestros días y todavía presume de la más alta edificación construida por el hombre en todo el país, superando in cluso a los modernos hoteles.

Sus costas sufrían el flagelo de las corrientes fluviales y se veían impedidas para asimilar los sedimentos por estar atrapadas entre el pantano y el arrecife. Pero más allá de la infranqueable barrera de coral yacía el Caribe en todo su transparente esplendor, adornado con aretes insulares de sorprendente verdor y sonoro nombre: Cayos (Cayes, pronunciado quis, en inglés).

La bahía de Chetumal al extremo norte y la de Amatique al sur, anuncian el arribo a México y Honduras; mientras que su frontera oeste es toda con Guatemala, excepto por 20 Km de límite terrestre con México. El Río Hondo y su tributario alimentador el Arroyo Azul forman la frontera propiamente dicha con nuestro país y el Río Sarstún ( Sarstoon en inglés) lo delimita con Guatemala al sudoeste.

El territorio conocido hoy como Belize fue habitado originalmente por grupos Maya, cuya civilización alcanzó su esplendor entre los años 250 y 1000 D.C. Algunos de los centros de población más poderosos llegaron a dominar amplias extensiones de terreno, como fue el caso de la ciudad-estado hoy conocida como Caracol, cuyos guerreros conquistaron incluso a la magna Tikal.

Otros asentamientos de importancia fueron: Altún-Ha, Lamanai , Xunantunich y Cahal Pech, apenas explorados y estudiados recientemente.

A la llegada de los españoles había tres distintas áreas Mayas: Chetumal, probablementesituada al sur del Río Hondo, en lo que hoy seconoce como Corozal, Belize; su importanciaradicaba en el control del comercio costero. La provincia de Dzuluinicob ocupaba el territorioentre los Ríos Nuevo (New River) y Sibún (Jabón), eran del grupoYucateco, su capital eraTipú y mantenían estrechos contactos con los MayasItzadel Petén. Por último, había otraprovincia mucho más al sur, cercadel Río Sarstún, habitada por MayasManche Chol, grupototalmente desaparecido.

Uno de los más grandes expertos en cultura Maya, Eric Thompson, cuenta que un soldado español renegado (Gonzalo Guerrero), yerno del Cacique de Chetumal Nachankán, aconsejó a éste evitar un enfrentamiento directo con las fuerzas españolas de Francisco de Montejo y como resultado el grupo entero se trasladó al territorio hoy conocido como Belize.
De ahí infiere Thompson que Guerrero fue el primer europeo en radicarse en Belize.

Es más, Montejo intentó vincular por la fuerza su base militar de Bacalar (cerca de la actual Chetumal) con las misiones dominicas de Río Dulce, Guatemala (al sur del territorio beliceño), pero Fray Bartolomé de las Casas se opuso firmemente al establecimiento de un Fuerte y Montejo recibió instrucciones de abandonar el proyecto.

El declive de su civilización (Siglos IX y X de esta era) no se tradujo en desvanecimiento, pues mantuvieron presencia en numerosas villas y comunidades hasta mucho después de la llegada de los españoles. En la región sur todavía existen aldeas Mayas, ahora gobernadas por alcaldes y más o menos integradas a las costumbres del país.

Pero sigue siendo cierta la asev eración de cierto guía indígena en Palenque , a quien preguntó asombrado un turista “¿qué pudo haber pasado con los sabios hombres que construyeron tantas maravillas?”; la res puesta fue: “nada, aún estamos aquí”.

A pesar de que los conquistadores no ocuparon el territorio ubicado al sur del río Hondo, salvo por algunas misiones religiosas, sí lo reclamaron como parte de las Américas conferida a España en la Bula Papal.

Pero se trataba de una región pantanosa, selvática, de muy difícil acceso por tierra y casi imposible alcance por mar: un formidable arrecife de barrera forma una especie de natural rompe olas frente a la costa de Belize y complica la navegación. Son más de trescientos kilómetros de duro coral, apenas interrumpido por estrechos canales ocultos, o por lo menospoco aparentes.

Los fuertes enfrentamientos con los Mayas y el hecho de que jamás fueran sometidos,redujeron aún más el interés por colonizar lanada atractiva región, que jamás dio indicios deposeer riqueza minera.

Hacia mediados del siglo XVII, piratas británicos empezaron a aprovecharla escabrosa líneacostera como base de operaciones.

Con cierta lógica práctica se arriesgaron al naufragio como alternativa preferente a la captura y en su afán por escapar al as edio español se topar on con uno o dos pasos en la barrera de coral. Aquello era mucho más que la simple escapatoria; la laguna interior y los caudalosos ríos abrían de par en par un santuario que poco a poco se tornó puerto.

Correr la voz entre los correligionarios fue proceso rápido y muy pronto se daban cita en la desembocadura del río numerosos bucaneros, hasta entonces interesados solamente en la seguridad del paraje.

No se sabe con certeza cuándo empezaron a asentarse en la región, pero en 1670 ya contaban con fortificaciones más o menos permanentes, pues según reporta Fray José Delgado en su diario, él fue capturado cuando viajaba de Guatemala a Bacalar y pudo constatar la existencia de Fuertes.

Por cierto una de las versiones sobre el origen del nombre del país se basa en el apellido de uno de esos corsarios (Wallace), supuestamente deformado por la defectuosa pronunciación española, el que dio su nombre primero al río y luego al territorio: Belize ( Waliz, Valiz, Veliz y finalmente Belize).

Otros accidentes geográficos del área fueron bautizados a través de un proceso parecido, pero en algunos casos el camino fue al revés, es decir, fueron llamados originalmente por su nombre en español y después distorsionados por la mala pronunciación de los ingleses.

Tal es el caso del Río Sibún, también conocido como Jabón y antes llamado Xibun en Chol Maya.

La necesidad de reabastecerse de agua y alimentos fue haciendo más y más prolongadas las visitas. Pronto se construyeron chozas, al gunos almacenes rudimentarios (aquellos rudos hombres eran navegantes, no constructores) e inevitablemente alguien descubrió la disponibilidad (abundancia) de ciertas valiosas maderas, como el llamado “palo de tinte o de Campeche” (logwood), utilizado y muy bien pagado como tintura para textiles en Europa y que ya había sido uno de los tesoros obtenido de los ataques piratas a navíos mercantiles.

Cortar, procesar y almacenar la madera era trabajo arduo, para el cual no estaban preparados ni dispuestos los marinos; el paso siguiente era obvio: se importaron esclavos de Jamaica. Más tarde, la explotación de la caoba provocó el crecimiento de la población de esclavos y propició la exploración de nuevas áreas tierra adentro, donde fatalmente se toparon los ingleses con los pobladores or iginales de la región: Los Mayas.

Las escaramuzas, encuentros, disputas y hasta batallas fueron constantes. Ya entrado el siglo XIX seguían los colonos pidiendo protección contra las incursiones Mayas, en realidad defensas de un territorio en proceso de invasión por el hombre blanco.

El progreso de los exploradores y explotadores de la madera usualmente seguía el curso del río, pues era mucho más fácil navegar que tratar de viajar por tierra y, por añadidura, se podía aprovechar la corriente en la transportación de troncos hasta la costa.

Así, cada nuevo aserradero se ubicaba en las márgenes del río, es decir, en un banco; de ahí que los centros de producción maderera se llamaran “banks” (bancos) y por ello existe hoy una población cercana a la frontera con Guatemala cuyo nombre es “Benque Viejo” (banco viejo, old bank).

Los bancos llevaban el nombre del propietario o de algún punto de referencia muchas veces incidental. Varias poblaciones del Belize independiente aún reflejan esos orígenes, de tal suerte que los nombres pueden ser sorprendentes para el visitante: “Willows Bank”, “Flowers Bank”, “Water Bank”, parecerían más bien razón social de instituciones bancarias, pero se trata de villas o poblados resultantes de las explotaciones madereras.

La formalización de su presencia y el incremento en el número de colonos aconteció durante el siglo XVIII, particularmente a raíz de su expulsión de la costa “Mosquito” en Nicaragua.

En 1787 llegaron a Belize 2214 emigrados de dicha costa, en su mayoría esclavos. Dado que la población total alcanzó con esa adición apenas unos 3000, es posible deducir que la antigüedad del asentamiento era realmente corta (once años de residencia en promedio).

II.- SOBERANÍA.- CONCESIONES ESPAÑOLAS, ASENTAMIENTOS BRITÁNICOS Y EXPEDICIONES PUNITIVAS.

El antecedente más antiguo de la inusual situación que propició la presencia inglesa en la “Bahía de Honduras” es el Tratado de Londres de 1604, en el cual España aceptaba que cualquier área no ocupada efectivamente por ellos podía ser colonizada por el Reino Unido.

De hecho, Inglaterra intentó hacer precisamente eso, pero fracasó en varias otras regiones de Centroamérica (la citada “Costa Mosquito” de Nicaragua y Honduras es un buen ejemplo). Por su parte, España intentó controlar la inhóspita región al sur de Bacalar (hoy frontera entre Quintana Roo y Belize), pero a pesar de aparentes éxitos nunca lograron dominar a los Mayas.

España sostuvo y mantuvo soberanía sobre el territorio sin nombre (sólo se le conoció como “Honduras Británicas” mucho más tarde). Durante el siglo XVIII, por medio de ataques a los asentamientos británicos y la correspondiente expulsión de los colonos, dejó constancia de la ilegalidad de su presencia.

Inglaterra aceptó de hecho y de derecho ese dominio, al firmar tratados con España que les reconocían simples concesiones para explotar las maderas en un terreno determinado (entre los ríos Hondo y Belize particularmente) y cuyas estrictas reglas les prohibían erigir fortificaciones o establecer formas locales de gobierno.

Nunca hubo pretensión ni insinuación británica respecto del territorio concesionado. Sólo hubo modificaciones a los términos de la concesión, usualmente como resultado de alguna de las frecuentes guerras en Europa. Por ejemplo el terreno autorizado se extendió al sur hasta el Río Sibún, pero en ningún momento rebasó el Hondo al norte ni el propio Sibún al sur.

Lo que sí era constantemente ignorado era la prohibición de construir fortificaciones y por ello cada cierto tiempo salía de Yucatán una expedición punitiva (no hubo ni una sola que proviniera de Guatemala), la cual destruía los fuertes y defensas no autorizadas, amén de expulsar a los colonos.

Una de esas excursiones salida de Yuca tán dio paso a uno de los episodios más controvertidos de la corta historia beliceña.

Se dice que en 1798, la capitanía general de Yucatán envió una flota a destruir las fortificaciones establecidas en la desembocadur a del Río Belize. La leyenda afirma que los colonos, luchando hombro con hombro con sus esclavos, derrotaron a la muy superior flota española y las grandes pérdidas sufridas marcar on el fin de las incursiones e inspecciones hispanas.

Algunos historiadores disputan la grandiosidad de la mítica batalla (“The Battle of St. George’s Caye” o “Batalla del Cayo San Jorge”) e incluso consideran poco verosímil que los amos hubieran armado a sus esclavos y que és tos no hubieran aprovechado la coyuntura. Assad Shoman en sus “13 Capítulos de la Historia de Belize” señala que la Flota iba sumamente disminuida por enfermedades (fiebre amarilla o disentería), dos de las Carabelas habían desertado y con ellas el Comandante en Jefe de la operación; la motivación era escasa entre los tripulantes, pues consideraban esa guerra como ajena, ante la evidencia de una familia real francesa en el trono de España (los Borbones).

Asimismo, Shoman reproduce el reporte del Capitán Moss, que se lee más como escaramuzas de importancia menor que como heroica defensa de los colonos.

La falta de ulteriores incursiones españolas es, a juicio de los apologistas de la batalla, consecuencia directa de la derrota sufrida en 1798; pero no puede ignorarse la existencia de otra explicación lógica: a principios de siglo decimonónico estallaron las guerras de independencia en toda la Nueva España y la madre patria se concentró en su resolución.

Poco sentido hubiera tenido dedicar recursos a castigar a los colonos de una región carente de oro o plata, aislada e incivilizada; cuando se desmoronaba en sus manos el imperio.

Sin embargo, negar el acontecimiento es lastimar fibras muy sensibles de la idiosincrasia beliceña y por ello daremos al menos el beneficio de la duda. De cualquier manera hasta la fecha se conmemora el 10 de septiembre como uno de los hitos de la joven nación, aunque persisten las voces disidentes.

El escritor y periodista Evan X. Hyde afirma que se trata de un truco propagandístico inglés, brillantemente utilizado par a dividir (ergo: vencer) a los dos más numerosos grupos étnicos no europeos.

Según él, el 10 de septiembre simboliza el entronizamiento de la burguesía Creole, manifiesta en su absoluto dominio de la burocracia. Se trata de descendientes de esclavos negros, pero anglizados hasta el extremo de aliarse con los blancos en contra de los otros negros, así como de la minoría ignorada: los Paña (mestizos).

Para 1840 no había más ley que la inglesa en Honduras Británicas. El Reino Unido recibía constantes reclamos de los colonos, para entonces ya establecidos y conscientes de la oportunidad de consolidarse como colonia, ante la confusión existente en las nuevas naciones independientes de la región.

Las Provincias Unidas de Centroamérica y posteriormente Guatemala (1839) reclamaron soberanía sobre Belize como herederos de España, pero los ingleses nunca reconocieron tales derechos y en realidad había pocos fundamentos históricos a favor de las pretensiones centroamericanas, a la luz del alcance de las concesiones, que sólo incluían una área situada entre los ríos Hondo y Sibún, o sea aproximadamente la mitad del territorio de la Colonia.

Si a ello se agrega el origen de las expediciones punitivas españolas, siempre enviadas desde Yucatán, así como la total ausencia de ocupación física de Belize por parte de Guatemala, sin olvidar el poderío militar de Inglaterra; será más fácil para el lector imaginar el resultado de las reclamaciones.

Pero no se pueden negar las pruebas directas e indirectas del reconocimiento de la soberanía española. Más allá de la aceptación implícita al recibir las concesiones, el Reino Unido dio muestras palpables de su reconocimiento al vedar todo proyecto agrícola en la colonia durante casi dos siglos.

Más adelante comentaremos algunas de las consecuencias de esa determinación, pero por ahora baste con señalar la tácita sumisión de tal actitud.

Por ello, a diferencia de otras colonias inglesas de la región (Jamaica, Bahamas, Barbados) en Belize no hubo plantaciones de azúcar y esto condicionó el crecimiento poblacional; mientras aquéllas desarrollaron grandes plantaciones con numerosa población de esclavos que vivían y trabajaban juntos, Belize se concentró en la explotación de madera, cuya necesidad de mano de obra era mucho menor.

Sería muy aventurado adentrarse aquí en la resolución de una controversia de más de un siglo, la cual perdura hasta nuestros días. Solamente pretendo dejar constancia de los hechos básicos, especialmente a la vista de una terca realidad muchas veces contradictoria de normas y principios de derecho. A cualquier mente ordenada, entrenada y acostumbrada a pensar en términos jurídicos le resultará muy difícil aceptar algunas de las afirmaciones aquí incluidas, pero la historia está llena de casos así.

Reconocer situaciones irremediables y aprender a vivir con ellas es parte esencial de la vida de las naciones. El Reino Unido pudo haber aceptado mil veces e incluso respetado otras tantas la soberanía española sobre los territorios al sur de Río Hondo, pero cuando las colonias se independizaron sólo un hecho contó: ni en lo individual ni colectivamente podían recuperar esos terrenos contra la voluntad de una potencia abrumadoramente superior.

He ahí la dura píldora que había que tragar.

Primero México y luego Guatem ala intentaron llegar a un acuerdo con Inglaterra, pero mientras el tiempo de las negociaciones transcurría el proceso de consolidación y fortificación alejaba cualquier posibilidad de arreglo. Pronto hubo una Constitución en la Colonia, llegaron autoridades europeas de otras colonias o del propio Reino Unido; los asentamientos adquirieron permanencia y estructura; mientras la presencia de la poderosa armada británica desalentaba el recurso de las vías de hecho.

Tan cierta es la anterior explicación que primero fueron los tratados y luego fue la declaración formal del status colonial. En 1859, Guatemala e Inglaterra firmaron un tratado que fijaba los límites entre Honduras Británicas y Guatemala; pero no fue sino hasta 1862 que las Honduras Británicas fueron declaradas Colonia de la Corona.

III.- GUERRA DE CASTAS, MIGRACIÓN MEXICANA Y TRATADO DE LÍMITES.

Al referirme a Belize con frecuencia uso la expresión: la frontera olvidada. Pues bien, cuando se habla de “La Guerra de Castas” se antoja usar la misma frase, pero referida obviamente a ese olvidado o ignorado conflicto. Tal vez su desconocimiento ha perpetuado algunos estereotipos muy populares en Europa en relación con las naciones Mayas.

En efecto, ante la abrumadora evidencia de su grandeza científica y sus deslumbrantes logros arquitectónicos, muchos observadores parecen convencidos de que los Mayas tenían una vocación pacífica o pacifista muy lejana de la realidad. ¡La Guerra de Castas duró 50 años!. Durante medio siglo se desangró la península de Yucatán, se presentaron largos periodos de total dominio Maya prácticamente con autonomía soberana sobre cierto territorio; hubo miles de desplazados, refugiados, caos, destrucción, tierra de nadie.

La rebelión Maya empezó en 1847, en un momento de notable debilidad y desgaste del gobierno federal, producto de la guerra con los Estados Unidos. Las divisiones intestinas en el seno del poder público condicionaron su ineficiente forma de conducir la guerra, pero para su fortuna también los Mayas mostraron total incapacidad para constituir un frente unido y eso evitó la derrota final.

Independientemente de su combatividad casi atávica, los Mayas fueron impulsados por una ciega fe en la Santa Cruz (ubicada en lo que hoy se conoce como Carrillo Puerto, Q.R.); fervor religioso de claros tonos sincréticos que bautizó el movimiento como Cruzob o Mayas Santa Cruz.

Según narra el ya citado historiador Shoman, sería imposible seguir lógicamente el retorcido curso de las hostilidades. No sólo había diversos grupos indígenas, no siempre coordinados entre sí, sino que además persistían viejas rencillas entre los Yucatecos y el centro (la capital). En 1851 los Cruzob atacaron a otro grupo Maya, los Icaiché, por sospecha de traición, de tal suerte que éstos se convirtieron en sus más encarnizados enemigos, incluso aliados de los Yucatecos (los llamaban indios pacíficos); para formalizar un tratado de paz entre ellos exigieron la mediación de los ingleses.

Aunque los británicos supuestamente tenían instrucciones de mantener absoluta neutralidad, la porosa frontera permitía a los Cruzob escapar a persecuciones; multitud de refugiados vadeaban el Río Hondo huyendo del conflicto; nadie controlaba a los comerciantes beliceños en su lucrativo tráfico de armas y municiones; y todo ello comprometía seriamente la supuesta neutralidad de los vecinos.

Los enfrentamientos eran inevitables, pero nunca llegaron más allá de las protestas y reclamaciones.

Había algunos acuerdos tácitos. Las autor idades mexicanas veían con buenos ojos la protección otorgada a refugiados, mientras que el Superintendente de Honduras Británicas sabía aquilatar el beneficio de una población diestra en la agricultura, lado flaco de la economía colonial.

El flujo de inmigrantes refugiados hacia el norte del territorio Beliceño matizó (hasta la fecha) la composición étnica de la región, pues el español es la lengua materna de la abrumadora mayoría, particularmente en los distritos de Corozal y Orange Walk; y además la actividad agrícola ha florecido sobre todo por la producción azucarera.

Por su parte, los Mayas otorgaron licencias a los leñadores ingleses para explotar maderas en las áreas por ellos controladas, usualmente a cambio de armas y municiones, con lo cual contribuyeron a complicar la ya de por sí caótica situación de la frontera: había pues, mexicanos del lado beliceño, ingleses del lado mexicano (más bien dicho Maya), territorios que cambiaban de manos constantemente entre blancos e indígenas, serias diferencias entre Yucatecos y Gobierno Federal, rencillas muchas veces cruentas entre los propios Mayas, descarado tráfico de armas y todo tipo de contrabando, sin olvidar el uso del territorio colonial como santuario de los alzados.

Obviamente para los Mayas no había límites o fronteras válidas, pues su revuelta reclamaba precisamente la recuperación de sus tierras, las cuales no podían ser divididas artificialmente por el hombre blanco, fuera éste español, inglés o yucateco. Tanto era así que los propios ingleses fueron víctimas de ataques liderados por el legendario Marcos Canul de los Icaiché.

Este grupo llegó a derrotar a los británicos en San Pedro y en diversas acciones atacó y ocupó numerosas poblaciones de la colonia. Con refuerzos llegados de Jamaica, finalmente los ingleses lograron herir de muerte a Canul durante la batalla de Orange Walk.

Y así continuó la reyerta hasta finales del siglo XIX.

Con admirable sentido práctico, México decidió formalizar la delimitación entre la ya indiscutible colonia inglesa y nuestro propio territorio, al mismo tiempo poniendo coto a esa confusa y perjudicial situación fronteriza. A pesar de despiadados ataques internos, sobre todo pero no exclusivamente en el Congreso, se firmó un Tratado de Límites en 1893.

Se acusó al Secretario Mariscal de haber entregado a los ingleses nuestro patrimonio, de desconocer la historia, de exceso en su afán por terminar de una vez por todas con el conflicto, etc., pero el Tratado fue aprobado y ratificado.

Tal vez la Guerra de Castas hubiera terminado hacia esas fechas dado el enorme desgaste sufrido por los Mayas, pero nadie puede asegurarlo de manera cier ta. En cambio el Tratado acabó con los apoyos de suministros provenientes de la colonia inglesa y la normalización de los contactos transfronterizos coadyuvó de manera decisiva a crear una atmósfera de paz.

Indudablemente fue un instrumento muy controvert ido, al grado de haber ocultado la parte positiva del acuerdo, es decir, la autorización ad perpetúan para navegar a través de la Bahía de Chetumal. En efecto, se trataba del único acceso marítimo a Chetumal, sólo que era en su gran mayoría territorio de Honduras Británica s y, obviamente, muy bien resguardado por la Royal Navy.

Todavía está vigente el acuerdo (es anexo al Tratado mismo) y nunca ha habido incidentes o fricciones por su aplicación.

IV.- AUTONOMÍA LIMITADA; GEORGE PRICE, PADRE DE LA PATRIA; EL HURACÁN “HATTIE” Y LA NUEVA CAPITAL.

Antes de hablar del proceso de creativo de Belize como Estado independiente, es menester describir la conformación de su elemento pueblo.

Al iniciarse el ya agónico siglo XX, Belize contaba con la población tradicional, compuesta por los habitantes originales, los Mayas, amén de los colonizadores ingleses, sus esclavos (para entonces ya liberados), la población mestiza resultante de la ola de refugiados de la Guerra de Castas; y resaltaba ya otra presencia hasta ahora apenas mencionada: Los Garífuna. Resultado de la unión entre Caribes y esclavos rebeldes que se habían fugado de sus amos y que se asentaron en la isla de San Vicente, los combativos y rebeldes Garífunas se convirtieron en un serio dolor de cabeza para los ingleses, no solamente por su actitud insumisa, sino además por ser un mal ejemplo viviente.

A pesar de que los británicos habían ganado la guerra contra ellos en 1795-96, nunca se rindieron y el conflicto no parecía tener fin. Por ello, cansados de lidiar con aquellos altivos ex-esclavos, simplemente los expulsaron de sus dominios, sólo para encontrárselos otra vez en Belize más tarde.

La primera huella en Belize de este peculiar grupo también conocido como Caribes Negros se encuentra hacia 1802. La deportación ingles a los había llevado a la isla hondureña de Roatán en 1797 y de ahí se dispersaron por toda la costa centroamericana. Su larga estancia en las costas de Honduras agregó otro elemento a su peculiar cultura y hoy son portadores de apellidos hispanos, a pesar de desconocer la lengua casi totalmente.

La tradición señala que los Garífuna respaldaron un fallido golpe de estado en Honduras y, como consecuencia, las condiciones de su es tancia empeoraron, de tal suerte que una vez más emigraron, esta vez hacia Honduras Británicas, donde arribaron en masa el 19 de noviembre de 1832.

Ese día es fiesta nacional en Belize, conocido como “Día de los Asentamientos Garífuna”.

Geográficamente su hogar fue principalmente el distrito de Stann Creek, al sur de la ciudad de Belize. Todavía hoy se encuentran mayoritariamente en los alrededores del poblado de Dangriga. Pescadores y agricultores de subsistencia, contaban con armas muy superiores a las del otro grupo de origen africano (los llamados Creoles traídos como esclavos exclusivamente para el corte de madera). Pero incluso en esa actividad incursionaron, orillados por la negativa oficial a permitirles el derecho de propiedad sobre la tierra.

La llegada de los Garífuna agregó miles de nuevos habitantes a la colonia y, sumados a los refugiados de la Guerra de Castas, prácticamente duplicaron la población (los Garinagu eran hacia 1845 menos de 10,000 pero para 1861 ya pasaban de 25,000). El advenimiento de las plantaciones bananeras atrajo un fuerte flujo de centroamericanos, combinados con importaciones de trabajadores temporales chinos, a tal grado que entre 1871 y 1891 la población creció a un ritmo de casi 6%.

Finalmente, miles de Mayas emigraron al sur de Belize desde el Petén, empujados por la creciente presencia de empresas cafetaleras alemanas.

Al amanecer el nuevo siglo (XX) parece también empezar la influencia norteamericana en Belize, con tan asombrosa rapidez que en dos décadas sustituyó al Reino Unido como primer socio comercial de la colonia.

Nuevos cultivos orientados al mercado norteamericano adquirieron inusitada importancia, como fue el caso del chicle, por lo menos hasta la década de los treinta.

Con el incremento del comercio y la inversión llegó también la oleada cultural, la cual llevaba influencia en las decisiones políticas prácticamente de la mano.

Los representantes en los Concejos eran cada vez más comerciantes y menos terratenientes; a pesar de que la exportación de azúcar era una de las mayores fuentes de divisas, era cada vez más claro que la tierra cultivada por los ex-refugiados de la Guerra de Castas era propiedad de los industriales del azúcar, de talsuerte que muy pronto los agricultores derivaron en obreros, en condiciones sumamente desfavorables, como sus colegas leñadores de origen Garífuna o peones bananeros venidos de Centroamérica.

Pero tanta diversidad étnica, con tan uniformes penurias, no era favorable para el desarrollo colonial.

Los británicos sabían que todo eso era caldo de cultivo de malestar y posiblemente rebeldía, a menos que existiera un grupo heredero de sus valores, el cual no sólo aceptara usos, costumbres, tradiciones y métodos, sino que además los hicieran suyos. Con el crecimiento de los Mayas, Garífuna, Mestizos, etc., más y más recayó la labor de uniformización en los Creoles.

Nada despreciable es el hecho de que todavía hoy, la burocracia es en su inmensa mayoría de origen Creole, como que fueron los preparados, entrenados y adoctrinados para ello. Parte de las medidas tomadas incluyen el mito de la señalada Batalla del Cayo San Jorge, pues tiende a proyectar la imagen de unión entre esclavos y amos para una meta común, en ese caso la derrota de los invasores.

Pero lo realmente importante para los efectos de este capítulo es el nacimiento y consolidación del movimiento obrero, presente a través del siglo en varias revueltas para protestar contra las infames condiciones prevalentes. Los líderes de dicho movimiento trataban de obtener concesiones en materia de derechos estrictamente laborales, pero también se sumaban más y más a los reclamos por una adecuada representación política.

En 1935, en medio de una sorda lucha por reformas constitucionales que permitieran la existencia de representantes electos, las mujeres se unieron al movimiento reclamando igualdad de oportunidades; con lo cual se consolidaron las bases embrionarias del poder organizado, obviamente bajo la sombrilla del movimiento obrero. Pero pasarían muchos años para que el sueño del sufragio universal se hiciera realidad.

En 1950 se escuchó fuerte y retadora la voz de George Price, a la sazón Secretario del Comité del Pueblo y antecedente inmediato del partido de la independencia, el Partido Unido del Pueblo (P.U.P.). Cuando supuestamente sólo se reclamaba airadamente al entonces Gobernador haber devaluado el dólar beliceño, Price habló de unión nacional y marcó el camino hacia la autonomía.

Ya en 1951 proponía el P.U.P. cambiar el nombre de Honduras Británicas por Belize y nunca más usaron aquél, aunque oficialmente persistió hasta 1973. Muy gradualmente fue creciendo la influencia y representatividad del partido y con ello la popularidad de Price.

La ruta fue difícil, varios de sus correligionarios (y él mismo) visitaron las cárceles, pero el camino era irreversible. En 1954, todos los sufrimientos y vicisitudes fructificaron: el PUP ganó abrumadoramente las primeras elecciones de sufragio universal y con ello accedió a un grado de autodeterminación nunca antes imaginado.

No obstante, los siguientes siete años probaron ser de una muy tenue tregua entre el poder colonial y el triunfante partido.

Price se rehusaba obstinadamente a cooperar con ellos, a pesar de la opinión de algunos de sus más cercanos correligionarios y, eventualmente, las discrepancias crearon divisiones internas que rompieron la unión entre el movimiento laboral y el partido; pero también consolidaron de manera definitiva la plataforma de éste, con menos énfasis en cuestiones gremiales y mucho más en temas constitucionales y nacionalistas.

La Constitución de 1961 estableció por primera vez la figura del Primer Ministro y un Gabinete.

Para entonces, Inglaterra había ya aceptado conceder la independencia a Belize, pero el entorno internacional empezaba a tener gran impacto, sobre todo ante la amenaza guatemalteca. En efecto, se sabía que la nueva nación sería fácil presa de las ambiciones de su más grande vecino sin la intervención inglesa.

En ese mismo cataclísmico año, un pavoroso huracán, Hattie, prácticamente destruyó a la ciudad de Belize paralizando la nación entera. Price quedó muy impresionado por los destrozos y percibió la vulner abilidad de un país afectado de macrocefalia, con un altísimo porcentaje de su vida ligado a la ciudad de Belize.

Además, notaba con preocupación el escaso crecimiento del interior, a pesar de condiciones climatológicas favorables.

Tal vez influido por el ejemplo de Brasil y su Brasilia, Price concibió la idea de fundar una nueva capital, lejos de los destructivos efectos de los huracanes, en una área verde, de mejores condiciones sanitarias (Belize está prácticamente en un pantano), céntrica, propicia además para la atracción de movimientos demográficos hacia el corazón del país.

De ahí surgió la nueva capital, Belmopán.

A finales de 1998, el inmenso huracán Mitch estuvo a punto de causar otra tragedia en la joven nación vecina. Belmopán probó ser el centro neurálgico del gobierno y además se convirtió en el refugio predilecto de casi toda la población de Belize City.

Insuficientes resultaron las instalaciones, calles, comercios y servicios, para absorber a la enorme población incidental llegada de Belize. Todo mundo tenía en sus residencias a parientes, amigos y conocidos; las escuelas se atiborraron de refugiados y los hoteles fueron insuficientes.

El susto no pasó a mayores, cierto, pero dejó huella. Hoy, varias empresas, instituciones y embajadas planean ya cambiar sus oficinas a Belmopán, con lo que se ha generado una verdadera fiebre de construcción. El sueño de Price empieza a tomar visos de realidad.

V.- BELIZE, ESTADO INDEPENDIENTE. EL SISTEMA WESTMINSTER, GEORGE PRICE (2), LOS PARTIDOS POLÍTICOS, LA ALTERNANCIA, MR. PRICE: SIEMPRE MR. PRICE.

Antes de considerar de manera realista la perspectiva de acceder a la independencia, Belize tenía que asegurar su flanco occidental. La añeja reclamación guatemalteca se tornaba amenaza de invasión en cuanto se retiraran las fuerzas británicas, pero por otro lado tampoco era deseable perpetuar la presencia de éstas en un Estado independiente.

En otras palabras, no podía hablarse de verdadera independencia mientras hubiera tropas extranjeras en territorio nacional; pero si las tropas se retiraban serían invadidos y perderían inevitablemente su independencia.

Peor aún, los británicos se mostraban reacios a garantizar la seguridad de la nueva nación una vez independiente.

Price trató de romper el círculo vicioso por medio de negociaciones con Guatemala, de tal suerte que en marzo de 1981 se firmaron unas Bases para el Entendimiento (Heads of Agreement). Estas contenían un total de 16 cláusulas, cuidadosamente redactadas para evitar malentendidos.

Sin embargo, éstos se di eron de todos modos.

Las diversas interpretaciones estaban tan apartadas unas de otras que pensar en entendimientos era fútil labor. Incluso hubo protestas violentas en Belize, avivadas por una oposición política ansiosa de aprovechar cualquier debilidad de Price: fue acusado de querer entregar Belize a los guatemaltecos.

Cuando finalmente las pláticas se suspendieron en julio de 1981, los británicos aceptaron a regañadientes dar la garantía de seguridad indispensable para el siguiente paso: la independencia. A las cero horas del día 21 de septiembre de 1981 se arrió la bandera británica y se izó la Beliceña. También se escuchó por primera vez la expresión Tierra de Hombres Libres (Land of the Free), en la letra del Himno Nacional.

Se adoptó el sistema de Monarquía Constitucional, donde la Reina de Inglaterra es Jefe de Estado, representada por un Gobernador General in situ. Se trata de un parlamentarismo a la manera inglesa, conocido como Westminster por el lugar donde se ubica el Parlamento en Londres.

En realidad el Gobernador General tiene facultades muy reducidas, prácticamente sólo ceremoniales, tal como sucede en el Re ino Unido con la figura de la Reina.

El Jefe de Gobierno es el Primer Ministro, auxiliado por un Gabinete, pero de hecho es el Jefe de Estado. El Parlamento se llama Asamblea Nacional y se compone de dos cámaras: la de Representantes (electos) y la de Senadores (designados). El Partido con mayor número de asientos en la Asamblea automáticamente
asume el poder, con su líder como Primer Ministro (PM). Más adelante explicaré las modalidades de este proceso.

Los ministros del Gabinete son seleccionados por el PM de entre los ocupantes de la Asamblea (sean Representantes o Senadores), es decir, para ser Ministro es indispensable formar parte del Parlamento.

El otro poder es por supuesto el Judicial, compuesto por la Corte Suprema y diversos niveles de impartición de justicia. Lo novedoso aquí es la posibilidad de designar Jueces y Magistrados de cualquiera de los países de la Comunidad Británica de Naciones (British Commonwealth), dada la identidad de sistemas judiciales e incluso su concatenación, donde algunos recursos pasan de las cortes locales a las del Reino Unido.

La debilidad aparente del sistema radica en el número de asientos necesarios para formar mayoría en la Asamblea, en relación con el número de ministerios del Gabinete.

En efecto, en las actuales circunstancias casi todos los parlamentarios de la mayoría son a la vez Ministros, lo cual trae como consecuencia una total confusión entre Legislativo y Ejecutivo. Resulta imposible imaginar un rechazo o siquiera disentimiento del legislativo a las políticas del régimen: son los mismos.

Hay otras razones menos aparentes para cuestionar la adopción estricta del sistema Westminster, pero las reservaremos para un comentario ulterior.

Pero volvamos a los inicios de la vida independiente de Belize.

La euforia cundió por todo el territorio en la alborada de esa nueva vida. George Price estaba al fin al mando de un país independiente y se disponía a realizar los sueños libertarios de su pueblo. Pero de pronto el precio internacional del azúcar se desplomó y la economía beliceña entró en profunda crisis.

La fiesta había durado muy poco.

De pronto, la popularidad de Price seguía el camino de los precios del endulzante, como cruel broma relacionada con su apellido (Price significa precio). El Fondo Monetario Internacional intervino cuando Belize se vio incapacitado para enfrentar sus compromisos internacionales, pero las usuales fórmulas de dicho organismo acabaron con la poca popularidad restante al gobierno de Price.

Se elevaron los impuestos y se redujeron gastos; ya no fue posible garantizar el precio de los productos agrícolas; y los servicios y obras públicas sufrieron severos retrocesos.

Según algunos analistas, había también un elemento de cansancio en el PUP, resultado de tantos años en el poder (siete comicios ganados al hilo). Lo cierto es que las elecciones de 1984 se realizaron en medio de la crisis y el nuevo partido político, el Partido Democrático Unido (United Democratic Party o UDP) arrasó. +

Pero ¿quién o quiénes eran esos opositores hoy victoriosos?. ¿De dónde salió ese nuevo partido y cuál era su plataforma ideológica?.

Desde los tiempos de la alianza entre el movimiento obrero y los primeros grupos políticos se dieron al mismo tiempo dos fenómenos tal vez inevitables: el surgimiento de nuevos líderes y la escisión entre éstos. Price empezó el movimiento de resistencia y protesta rodeado de colegas, pero muy pronto se hicieron evidentes las diferencias de criterio.

Primero hubo voces favorables a la cooperación con el poder colonial en tanto se avanzaba hacia la autonomía y posteriormente a la independencia, a lo cual se opuso de manera irreductible Mr. Price. Su negativa creó la primera escisión.

Más tarde surgieron opositores a los intentos de Price por insertar a Belize en su entorno geopolítico natural, Centroamérica, los cuales preferían el acercamiento con el Caribe. De nuevo se dio una separación (la cual hasta cierto punto perdura).

Finalmente se unieron los disidentes en una sola corriente opositora a la independencia, la cual consideraban prematura.

Las siglas del nuevo Partido fueron UDP y la cabeza visible del movimiento opositor fue Manuel Esquivel. Al principio la plataforma de éstos era un enigmático llamado al cambio (es tiempo de cambiar, decían), pero en el fondo sus diferencias con el PUP se diluyeron en cuanto la independencia fue un hecho consumado.

Todavía hubo un intento por calificar a Price de socialista, con lo cual el nuevo partido se auto-definía como lo contrario, pero en la práctica los partidos diferían solamente en enfoques específicos, es decir, no en el qué, sino en el cómo.

Ciertamente el UDP supo capitalizar el descontento resultante de la crisis económica y con su triunfo dio principio a una ininterrumpida y no necesariamente intencional alternancia en el poder.

Pero Price estaba muy lejos de rendirse: En el siguiente período, 1989, el PUP recuperó el poder derrotando al UDP.

Esta nueva oportunidad trajo al PUP excelentes resultados en sus políticas de gobierno. Atrás quedaban los cansancios y el ejercicio del poder parecía revitalizar a Price. Todas las encuestas colocaban su índice de popularidad por las nubes y nada parecía frenar su exitosa marcha, salvo el inexorable plazo de cinco años.

Ante esas circunstancias tan favorables se decidió en el seno del partido (PUP) convocar a elecciones adelantadas (lo cual es posible en el sistema parlamentario) y con ello prolongar de facto su ejercicio, pues un triunfo electoral traería como consecuencia el inicio de un nuevo periodo en el poder.

Para su inmensa sorpresa fueron derrotados por mínimo margen. Pesaron mucho factores fuera de control del régimen, como la salida del destacamento británico y la reactivación del reclamo guatemalteco, especialmente cuando parecía desaparecer la sombrilla protectora del Reino Unido.

Poco consuelo sería el haber ganado el voto popular (el triunfo se mide por el número de asientos en la Asamblea Nacional, no por el total de sufragios recibidos); de nada serviría lamentar la desafortunada coalición entre el UDP y el minoritario partido NABR (National Alliance for Belizean Rights), la cual les dio un asiento adicional y decisivo; la realidad incontrovertible era sólo una: Sin haber concluido su período entre garían el gobierno.

La crisis interna del PUP era inevitable. Poco después vendría lo impensable: George Price anunciaba su retiro del liderazgo ejercido desde los cincuenta.

No se trata del abandono total de su carrera política pues conserva su asiento en la Asamblea Nacional y es, por supuesto, líder moral del PUP, pero dejó elegantemente el paso a nuevas generaciones representadas por Said Musa, joven pero experimentado elemento salido de las filas del partido.

Lo que se diga de Mr. Price nunca será suficiente.

Su carrera es verdaderamente fascinante y su aportación a la génesis de Belize como Estado independiente trascendental. Inauguró un estilo de hacer política cabalmente inusitado, frecuentemente imitado pero difícilmente igualado. Dueño de una personalidad atractiva, convincente, casi siempre en sintonía con el sentir popular, al cual recurrió confiadamente una y otra vez, aún en contra de la opinión de otros líderes.

Cuando entró en conflicto la inclinación de sus correligionarios con su percepción de la voluntad del pueblo, no vaciló en romper con aquéllos.

Obviamente esas cualidades lo llevaron al triunfo hasta en las más complejas empresas, pero no debe perderse de vista otro incuestionable valor personal: su intachable vida privada. Ni sus más acervos críticos lo acusaron jamás de corrupción; no hubo escándalos amorosos, ni inclinación a beber, la ostentación estuvo, y está, evidentemente reñida con su conducta; y el nepotismo le es desconocido.

Mi admiración y respeto son bastante objetivos, pues si bien he tenido el privilegio de conocerlo y tratarlo, de ninguna manera puedo calificar a esa relación como de amistad. De hecho, sólo nos hemos reunido en tres ocasiones desde mi arribo a esta adscripción hace ya más de tres años. Mi opinión, entonces, no es producto del afecto ni está teñida por el cariño.

A la hora de poner en la balanza lo que sus detractores y sus admiradores dicen, puedo asegurarle una decisión favorable, máxime ahora, cuando el paso del tiempo ha ido borrando el malestar y aquellos enfrentamientos de antaño quedan sólo como anécdotas dignas de mención en las pláticas de café.

Y para muestra basta un botón.

Recientemente, Price fue entrevistado por un popular comentarista de radio, en el marco de la campaña política que culminó con las elecciones del 27 de agosto de 1998. Pues bien, fue tal el entusiasmo levantado por este inolvidable personaje, que hubo numerosas llamadas inquiriendo sobre el costo de la cinta donde se reprodujera la entrevista. La gente estaba dispuesta a pagar por conservar sus palabras.

Y mire usted, al empezar la campaña la presencia de George en la propaganda era escasa, no sólo en el ámbito nacional sino incluso en su propio distrito, bastante disputado. Pero poco a poco los líderes se percataron del valor de su imagen (un periodista de Quintana Roo decía: “estos beliceños tiene vivo a Benito Juárez y no lo aprovechan”), sobre todo para dejar constancia de que el relevo en el partido había sido concertado.

Hacia los últimos días previos a los comicios ya se veía por doquier su rostro castigado por el tiempo.

Pero si su renacimiento fue a tiempo o si alcanzó para ganar de nuevo un lugar en el Parlamento sólo podía decirlo el electorado; aquí se trata únicamente de manifestar la admiración del autor, obviamente compartida popularmente en Belize, pero no necesariamente traducida en votos. Al final de este trabajo analizaremos el resultado de las elecciones y su impacto en la carrera política de Price.

VI.- LA AMENAZA GUATEMALTECA: ANTECEDENTES, EL TRATADO DE 1859 (ART. 7); SALIDA AL MAR E ISLAS “SAPODILLAS” (ZAPOTILLAS); SITUACIÓN ACTUAL.

Indiscutiblemente el territorio hoy ocupado por Belize era parte de la Nueva España. Como ya quedó establecido, los británicos reconocieron la soberanía española y la madre patria dejó constancia de su ejercicio, particularmente cuando lanzó ataques contra los asentamientos ilegalmente fortificados.

Ciertamente los colonos mostraron siempre intención de permanencia, pero ésta fue motu proprio, sin sanción o respaldo inglés. Para efectos de la reclamación guatemalteca no es eso lo trascendental, más bien debe tratar de establecerse si todo el territorio estaba bajo jurisdicción de la Capitanía General de Yucatán, o si la parte sur estaba reservada a Guatemala; sin olvidar la posibilidad, titularidad y singularidad de derechos hereditarios al retirarse España de la región.

La controversia respecto del primer punto es interminable. Hay realmente pocos indicios claros de presencia física proveniente de Guatemala, fuera de los misioneros dominicos, pero sí hay indicios favorables a Yucatán pues de allí partieron todas las incursiones punitivas.

En el mejor de los casos es posible hablar de dos territorios, basados en el alcance de las concesiones para la explotació n maderera, las cuales nunca otorgaron derechos a Inglaterra sobre la porción sur de Belize (allende el Río Sibún).

Pero tampoco fue ocupada efectivamente dicha porción por nadie.

El verdadero arranque de las pretensiones guatemaltecas proviene de un tratado firmado con el Reino Unido en 1859. Para éstos era un Tratado de Límites que no hacía reconocimiento expreso a Guatemala de derechos territoriales anteriores, más bien al contrario, era tácita aceptación guatemalteca de la ocupación efectiva por parte de Inglaterra.

Pero según Guatemala era un Tratado de cesión de derechos con condición suspensiva, es decir, dependiente de la realización de cierta hipótesis normativa para producir efectos.

El art. 7o. de dicho Tratado fue la base fundamental de la reclamación guatemalteca, pues señalaba que ambas partes pondrían su mejor esfuerzo para comunicar por vía terrestre a la ciudad de Guatemala con la costa atlántica de Guatemala, cerca del asentamiento de Belize.

A pesar de los esfuerzos realizados fue imposible llegar a un acuerdo respecto de la construcción de esa vía terrestre, en parte por falta de recursos de Guatemala y en parte por dificultades técnicas.

En 1940, Guatemala declaró nulo el Tratado por incumplimiento, por par te de Inglaterra, de los términos del citado art. 7o; e incluso en su Constitución de 1945 declaró a Belize territorio guatemalteco. De ahí en adelante, cada avance hacia la autonomía e independencia de Belize fue duramente cuestionado por Guatemala, al grado incluso de romper relaciones diplomáticas con el Reino Unido en 1963.

Los británicos reforzaron su presencia militar ante la inminencia de una invasión guatemalteca y permanecieron en Belize incluso después de la independencia el 21 de septiembre de 1981.

Fue hasta el 11 de septiembre de 1991, diez años más tarde, cuando se establecieron relaciones diplomáticas entre los dos países; pero a pesar de contar con Embajadores residentes en ambas partes Guatemala pospuso la aceptación formal de Credenciales al enviado beliceño hasta 1997.

La disposición para llegar a un acuerdo condujo a la Asamblea Nacional de Belize a aprobar la Ley de Áreas Marítimas del 30 de enero de 1992, la cual concedía a Guatemala libre acceso al Atlántico en un corredor de 24 por 8 millas, através de la zona económica exclusiva de Belize.

Con ello parecía iniciarse el camino hacia la resolución del diferendo, pero no ha sido así.

El corredor abierto por la renuncia beliceña a una parte de su zona económica exclusiva no resolvió el problema de los territorios insulares ubicados en el Golfo de Honduras, a la salida de la Bahía de Amatique (Islas Sapodillas o Zapotillas), incluso reclamados por Honduras

Y continúa el impasse.

Las delegaciones de plen ipotenciarios se han reunido en di versas ocasiones, han surgido alentadoras declaraciones y los contactos bilatera les han proliferado; pero el costo político de una renuncia al territorio de Belize sigue siendo inaceptable para los guatemaltecos, mientras que para los beliceños hay una trampa oculta si las negociaciones giran alrededor de una disputa territorial.

Imagínese cuál podría ser el argumento en Guatemala para cambiar de rumbo radicalmente y descubrir, después de tantos años de repeticiones en contrario, que Belize no es parte de su territorio después de todo.

Trate de visualizar en qué condiciones podría Belize poner en la mesa de negociación su propio territorio o parte de él; nisiquiera cuenta el Primer Ministro con facultades para poner a discusión el tema. Más aún, cualquier arreglo que se tradujera en pérdida de territorio tendría que ser ratificado en referéndum, obviamente imposible de ganar.

Pero han habido avances.

La posibilidad de una invasión se ha desvanecido. Hasta hace poco, las fuerzas armadas se consultaban de manera rutinaria, cooperaban en labores de protección a los recursos forestales, prevención de accidentes, etc. Sus mecanismos de cooperación y concertación superaban incluso a los de los gobiernos.

El comercio fronterizo también se ha incrementado sustancialmente; hay comunicación aérea a espléndido nivel, pues la consolidación de un consorcio centroamericano de servicios aéreos permite comunicar a través de San Salvador a toda la región. A Belize llegan diariamente tres vuelos (de Guatemala, El Salvador y San Pedro Sula, Honduras), los cuales siguen a Miami. Por la tarde regresan rumbo al istmo centroamericano. Además hay vuelos de aeronaves pequeñas a Guatemala y Las Flores/Tikal.

Si a todo ello agregamos la creciente cooperación en el ámbito del programa de desarrollo turístico Mundo Maya, así como los esfuerzo de México por incluir a Belize en los mecanismos de cooperación de la región centroamericana conocidos como “Tuxtla”, se verá más claramente como poco a poco se normalizan las relaciones entre Guatemala y su reclamado vecino.

Y sin embargo se dan fricciones incidentales y se calienta el ambiente a menudo.

En lo que algunos identifican como tendencia usual, al cambio de gobierno en Guatemala se agudizaron las diferencias recientemente. Primero hubo varios incidentes fronterizos, algunos de los cuales resultaron en la muerte de nacionales guatemaltecos.

La frontera entre ambos países es una verdadera anomalía, pues para Guatemala es sólo una línea de referencia y su ubicación es imprecisa. Por ello, se dan fenómenos como el de la aldea El Arenal, donde la citada línea pasa en medio de un campo de fútbol y cada portería está en distinta nación.

Nada de extraño tiene pues, que la muerte de un guatemalteco sea objeto de controversia respecto del lugar de los hechos, ambos lados reclamando que el suceso fue en su territorio.

Belize alega que hay constantes invasiones de campesinos guatemaltecos, no siempre con cultivos lícitos. Cuando proceden a desalojarlos Guatemala reclama a su vez la invasión, pues a su juicio los campesinos estaban en su propio país.

Y para acabar de confundir las cosas muchas de esas áreas son protegidas, de tal suerte que incluso si fueran beliceños serían desalojados, pues está prohibido desmontar y sembrar en ellas.

Luego sobrevino la detención de una patrulla beliceña.

La versión guatemalteca, de muy es tridente tratamiento en la presa, era que los soldados (la soldadesca según algunos diarios) estaban en territorio de Guatemala y como iban armados se les acusó formalmente.

Los beliceños alegaron que al encontrarse los dos grupos el único provisto de Posicionador Electrónico eran ellos y por medio de dicho instrumento demostraron estar de su lado de la línea de referencia. Pero de nada sirvió el argumento y se los llevaron detenidos.

Luego, un Juez los liberó a la custodia del Embajador en funciones (el Embajador de Belize estaba muy enfermo y eventualmente falleció), quien de inmediato los trasladó a su país. Resultado: gran escándalo en Guatemala y expulsión del diplomático.

Predecir cómo va a resolverse la eterna reclamación sería muy aventurado, pero a mi juicio tarde o temprano sucederá.

Todo es cuestión de tiempo, estoy convencido.

Hace muy poco, fuimos testigos de una ceremonia luctuosa para Mike Mena, el fallecido primer Embajador de Belize en Guatemala. En aquella concurrida ocasión, se le rindió un muy merecido homenaje por parte del pueblo y gobierno beliceño, pero lo más relevante fue sin duda la presencia del Vice Canciller guatemalteco, portador de una condecoración póstuma para Mena que ni su propio país le otorgó.

Gestos como esos contribuyen más a distender el ambiente que diez reuniones de coordinación.

VII.- MÉXICO Y BELIZE: APOYO ANTE EL DIFERENDO, VECINDAD, AFINIDAD, SEGURIDAD; LA FRONTERA, MIGRACIÓN Y LÍMITES.

México fue el primer país en es tablecer relaciones diplomáticas con Belize el mismo día de la declaratoria, es decir, el 21 de septiembre de 1981. Además fue el segundo en acreditar Embajador y la representación consular data de la década de los cincuenta.

Desde entonces, el acercamiento entre los dos países ha ido en aumento, hecho muy especialmente ilustrado por el importante respaldo dado a los esfuerzos de Belize por ser admitido en el Sistema Interamericano, con pleno reconocimiento de su status de Estado soberano.

Asimismo, es prueba adicional de ello la labor en pro de una solución al diferendo con Guatemala, ampliamente aprecia da por el Gobierno de Belize.

En la relación bilateral ha destacado de manera notable la cooperación en materia económica, científico-técnica y educativo-cultural, como da fe la constante interlocución de los Jefes de Estado, traducida en diez entre vistas en México y tres más en Belize.

Además, La Comisión Binacional ha producido numerosos acuerdos y tratados, de los que cabe destacar la creación de la Comisión Internacional de Límites y Aguas, así como la instalación del Comité Mixto sobre Cooperación contra el Narcotráfico y la Farmacodependencia.

A pesar de que México es el segundo socio comercial de Belize, el alcance geográfico del intercambio se limita en gran medida a Chetumal. Si bien el universo potencial no es muy elevado, tampoco ha sido aprovechado en toda su extensión y se carece de un instrumento que regule la relación comercial bilateral.

Sin embargo, hay foros o mecanismos operativos en materia de cooperación económica, entre otros: La Subcomisión de Asuntos Económicos, Comerciales y Financieros; el Acuerdo de Facilitación Aduanera; el Acuerdo Marco de Cooperación Hacendario-Financiera; un Convenio para el Suministro de Energía Eléctrica por medio del cual la parte mexicana se comprometió a suministrar de 5 a 25 MW.

También se signó un Memorándum de Entendimiento en Materia de Transporte Aéreo, a pesar del cual actualmente sólo existen vuelos regulares entre Belize y Cancún dos veces a la semana.

En agosto de 1994 Belize presentó a México un proyecto de Acuerdo de Alcance Parcial en materia de comercio que México consideró poco adecuado a las circunstancias actuales, por lo que se contrapropuso un Acuerdo Comercial con 20 capítulos, es decir, un verdadero Tratado de Libre Comercio.

Más adelante se verá por qué no se le ha dado esa connotación y se prefirió llamarle simplemente Acuerdo Comercial.

El Instituto de Cooperación y Cultura México-Belize desde su apertura en 1993 ha sido instrumento clave para el acercamiento entre ambos pueblos y se ha constituido en el principal foro para el intercambio permanente en los campos de la educación y la cultura.

Además imparte clases regulares de español como segunda lengua y la matrícula incluye a empresarios, profesionistas, intelectuales, artistas, diplomáticos y amas de casa, sin olvidar el elemento catalizador: los estudiantes.

Como prueba adicional del buen éxito del programa ya se imparte el español como materia obligatoria en las primarias del país. Por razones de inmediata vecindad geográfica, así como históricas y de seguridad nacional, Centroamérica constituye una área de interés prioritario para México.

Por ello y por su carácter de país fronterizo, Belize tiene importancia estratégica y existe necesidad de impulsar una política activa, a la par que cuidadosa, hacia nuestro vecino, incluso al grado de otorgarle un espacio prioritario en nuestra agenda internacional.

Si los canales de comunicación se mantienen abiertos, si la imagen de México es positiva, si la actitud hacia Belize se percibe como fraternal y si eliminamos los focos de fricción, se habrán creado las bases para el florecimiento de la cooperación en todos los ámbitos.

Desde el punto de vista sustantivo se debe impulsar la negociación del nuevo tratado de límites y ello conlleva revisar la Convención Complementaria que asegura la libre navegación por aguas territoriales beliceñas a la armada de México, pues data de 1897 y se firmó con Inglaterra.

Asimismo, continuar los trabajos de la Comisión Internacional de Límites y Aguas y promover las negociaciones que lleven a firmar el acuerdo comercial. Esto debe combinarse con una activa promoción de las relacion es regionales, es decir, del incremento en los contactos entre Belize y los estados de Campeche, Tabasco y Yucatán, tal como lo ha hecho, muy exitosamente, Quintana Roo.

Por lo pronto ya se promovió la visita, acompañado de un numeroso contingente empresarial, del Gobernador de Tabasco, la cual resultó muy positiva.

Dada la dependencia que Belize muestra de las importaciones, las visitas fronterizas representan el más intenso y frecuente contacto entre los dos pueblos y son además fuente de ingreso para el comercio de Quintana Roo (Chetumal). Un sólo dato estadístico ilustrará claramente la intensidad de los contactos: en 1999, se registraron cerca de 600,000 cruces de beliceños a Chetumal, de una población total de alrededor de 240,000.

Obviamente la inmensa mayoría de esos viajes fue en visita fronteriza.

Resolver los problemas migratorios reviste particular importancia. Muchos de esos turistas son originarios de la región norte de Belize (Orange Walk y Corozal), y por lo tato les resulta sumamente inconveniente viajar dos horas al sur, hasta la ciudad de Belize, para obtener su tarjeta de turista y después viajar al norte otras dos horas rumbo a territorio mexicano.

Durante algún tiempo se resolvió parcialmente el problema con un Consulado Móvil, es decir, trasladando personal y equipo una vez a la semana (todos los miércoles) hasta Orange Walk y Corozal, con el fin de expedir los permisos in situ.

Pero eso era sólo un paliativo y ya repercutía en desgaste de vehículos y exposición a accidentes.

En lugar de ello propusimos la creación de un Consulado Honorario en Corozal, a 15 kilómetros de la frontera el cual desde su apertura ha expedido miles de tarjetas de turista a viajeros beliceños, amén de coadyuvar en labores de protección a mexicanos y como enlace con las autoridades fronterizas.

Recientemente, el Instituto Nacional de Migración puso en vigor una tarjeta de cruce fronterizo que viene a agilizar considerablemente el tránsito de beliceños a Chetumal. Todos los nacionales del vecino país, no sólo los vecinos del área fronteriza, podrán adquirir el documento. El progreso en la expedición va a gran velocidad y pronto será la mayoría de la población de Belize portadora de la tarjeta.

A pesar de las numerosas protestas de amistad, cooperación y buena vecindad, persisten molestos rezagos y carencias en nuestra frontera sur, como ejemplo de lo cual baste señalar un hecho: En los 186 kilómetros de frontera con Belize sigue habiendo únicamente un punto de cruce formal.

Se tiene identificado un lugar río arriba, casi exactamente donde el Arroyo Azul se vierte en el Río Hondo, habilitado por los lugareños de uno y otro lado para el cruce de personas y mercancías. Se trata de un sitio en las inmediaciones del poblado “La Unión”, Q.R., con su contraparte beliceña “Blue Creek” (Arroyo Azul), a más de 150 kilómetros al oeste de Chetumal.

Se ha acordado construir allí un puente con sus correspondientes instalaciones aduanales y migratorias, pero las negociaciones han avanzado poco.

Además, falta concertar un nuevo Tratado de Límites.

En efecto, como ya se había señalado, el instrumento vigente data del siglo pasado y se firmó para delimitar a nuestro país de las “Honduras Británicas”. Ni los recursos técnicos disponibles a la sazón eran muy precisos ni el sujeto es el correcto (lo firmó el Reino Unido).

Es necesario realizar una nueva negociación, basada en estudios modernos y con el interlocutor correcto (Belize), todo lo cual está ya bastante avanzado; la construcción del nuevo puente seguramente habrá de concretarse después de la firma del Tratado de Límites, pero se ha avanzado en la identificación del más apropiado sitio para su ubicación.

No se vislumbran problemas de seguridad nacional ni de carácter técnico que pudieran obstaculizar el buen éxito de las negociaciones.

Tal como habíamos comentado anteriormente, la perspectiva de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con México provocó grandes temores en la iniciativa privada (IP) beliceña, temerosa de perder los considerables beneficios de un mercado cautivo.

Como Belize produce muy pocos de sus satisfactores e importa todo lo demás, parecería lógico suponer que su comercio tuviera un alto grado de apertura al exterior, pero en la práctica se cierra el mercado y de hecho se brinda protección a los importadores, es decir, a los intermediarios, y no a los productores, salvo honrosas y limitadas excepciones.

Es pues comprensible el temor de éstos.

Además, el Ministro de Comercio me hizo ver desde el principio el peligro de partidización si él hacía suyo el proyecto y lo defendía pública mente, pues si había cambio de régimen (las elecciones fueron el 27 de agosto, pero de eso luego les platico) tal vez las nuevas autoridades rechazaran todo lo negociado, como ha sucedido en otros países.

Por todo lo anterior se acordó dejar al Embajador de México la tarea de explicar y aclarar el contenido, alcance y posibles repercusiones de un TLC; así como rebatir y desmentir los ya numerosos rumores desatados no muy inconscientemente. Esto se tradujo en viajes constantes a todo tipo de foros, especialmente aquellos organizados por una agrupación denominada “Business Bureau”, opositora a ultranza de un TLC.

Lo paradójico de todo este asunto era que Belize ya estaba comprometido en un mecanismo similar con el Caribe (CARICOM), el cual incluso ha rebasado los confines de un TLC y se encuentra en un estadio superior: una Unión Aduanera. Evidentemente la oposición no era contra el libre comercio como concepto, sino en particular por tratarse de México.

Y nos volvimos casi ubicuos.

Uno de los temores expresados por el Business Bureau, era el de ser sorprendidos por una realidad librecambista antes de estar debidamente preparados. Tratamos de explicar que un TLC es un proceso dividido en dos etapas, la primera de las cuales, la negociación, se ha llevado en algunos casos varios años (caso de Nicaragua); y la segunda, la instrumentación, incluye etapas de liberación de hasta 20 años.

En otras palabras, el libre comercio no acontece el día de la firma, y ésta no se da a la semana de iniciada la negociación.

Pero como persistieran los temores decidimos cambiar la nomenclatura y hablar solamente de un Acuerdo Comercial.

La medida probó ser un acierto.

Luego, nos repetían una y otra vez un argumento simplista: ¿Qué le vamos a vender a México?

Efectivamente, Belize produce poco, pero eso se debe en buena medida al tamaño del mercado. Nada incentiva tanto el incremento en la productividad como la posibilidad de colocación de los excedentes.

Obviamente la solución no se encuentra en el Caribe, pues se trata de un mercado muy pequeño, con productos similares. Además las vías de comunicación hacen más accesible el mercado mexicano.

Por otra parte, mientras persistan las condiciones actuales Belize tendrá necesidad de importar muchos de sus satisfactores, eso es un hecho. Ampliar las opciones de suministro equivale a poner a competir a los proveedores, hoy por hoy abrumadoramente cargados del lado de Estados Unidos (EUA).

México puede alimentar el mercado a mejores precios y con facilidades de transporte sin paralelo. Incluso hay evidencia de esto en el constante flujo de compradores beliceños a Chetumal. ¿No sería mejor traer los productos mexicanos a Belize?

Resulta en verdad inexplicable ese temor a ser invadidos por el gigante de al lado, cuando en realidad ya están inundados de productos americanos. El comercio total de México con Belize apenas llega a 40 millones dólares anuales y no está compuesto de una enorme variedad de productos.

En fin, después de recorrer el país de norte a sur todavía hubo que instrumentar un seminario, por medio del cual SECOFI les explicó el contenido usual de un Acuerdo
Comercial y prácticamente los capacitó para negociar con nosotros mismos. Puede sonar un
poco extraño, pero sirvió para acabar con la escasa desconfianza remanente.

A partir de ahí ya fue posible instalar formalmente los equipos negociadores; y si bien está pendiente la primera reunión negociadora propiamente dicha, ellos se debe exclusivamente a la proximidad del proceso electoral, recientemente terminado y largamente anunciado.

Pero se ha presentado, inesperadamente, un factor de perturbación que incide en las negociaciones de un Acuerdo Comercial y es motivo de roces nunca antes experimentados: La Zona Libre de Corozal (ZLC).

Producto de dos factores no necesariamente interligados: el proyecto de la Zona Libre es muy distinto hoy de sus orígenes. En realidad se trataba de crear una zona de procesamiento industrial tipo maquila, a fin de generar empleos para la región norte del país, golpeada por el cierre de un Ingenio azucarero y sin perspectivas de recuperación dadas las circunstancias del mercado mundial.

El otro factor, por entonces menos importante pero políticamente sensible, era la fuga de divisas implícita en las multitudinarias visitas de beliceños a Chetumal.

Las perspectivas en el primer caso eran y son muy pesimistas, pues no hay infraestructura de transporte barato: ni hay puerto a la mano ni se cuenta con ferrocarril. Por añadidura, la carretera a Belize City es de dos carriles, saturada por el tránsito local y los camiones cañeros, mientras que el puerto de Belize es totalmente inadecuado para carga de altura, pues su única salida es a través de un canal constantemente azolvado.

Por ello los frutos del esfuerzo en esta materia son sumamente modestos.

Para sorpresa de ellos mismos, la ZLC ha resultado exitosa como una gran duty free, impulsada por el diferencial en el precio de combustibles.

Por primera vez en muchos años, el flujo de viajeros se ha equilibrado entre beliceños con rumbo a Chetumal y mexicanos encaminados a la ZLC, lo cual causa gran satisfacción a las autoridades de Belize, pues siempre vieron con desagrado que la balanza comercial fuera (yes) abrumadoramente favorable a México y además que sus nacionales acudieran en masa a adquirir productos y servicios en Chetumal.

A nadie gusta tener una balanza desequilibrada en su contra, pero mucho menos cuando se trata del socio menor, del menos desarrollado.

Ahora bien, los comerciantes de Chetumal, quienes por años han recibido el beneficio de esa corriente de compradores todavía en crecimiento, protestaron por la disminución en sus ventas al desviarse su propia clientela hacia la ZLC, al principio sólo en busca de gasolina o diesel a mejor precio, y más tarde para adquirir múltiples productos libres de impuestos.

El daño a las gasolineras es evidentemente legítimo y probablemente sin solución. Indudablemente hay una merma en sus ventas como resultado del desplazamiento de numerosos vehículos a la ZLC a cargar combustible, pero existen otros ángulos no bien explicados. La ZLC está vedada a los beliceños (excepto camiones cañeros), quienes tradicionalmente acudían a las gasolineras de Chetumal pues el precio allí es mucho menor que en Belize.

Si hoy se han alejado, lo cual no niego, las causas no pueden estar en la apertura de la ZLC; más bien habría que buscar los motivos por el lado de los expendios clandestinos, los cuales nos correspondería a nosotros, a México, combatir.

Pero si siguen acudiendo a los establecimientos de Chetumal entonces son paliativo para el problema, no parte de él.

Se ha intentado atacar la venta de combustibles desde muy diversos ángulos hasta ahora sin éxito. Se dijo, por ejemplo, que se violaban los términos del Acuerdo de San José, porque la gasolina y el diesel provenían de Venezuela.

Ni fue posible probar esto (entre otras cosas porque Venezuela no produce gasolina si plomo), ni es cierto técnicamente que el combustible sea importado por Belize, pues si bien llega por el Puerto de Belize, entra in bond con destino a la ZLC y sólo físicamente recorre el país, nunca ingresa fiscalmente al mismo ni se queda en él.

Después se habló de aplicar sanciones a Belize porque la venta libre de impuestos era un acto inamistoso, especialmente cuando la ZLC parece orientada exclusivamente a los compradores mexicanos. Pero la alternativa sería peor, es decir, si Belize permitiera a sus nacionales el acceso a la ZLC, se reducirían las ventas del lado nuestro en proporción directa.

Dicho de otra manera, si a los mexicanos les resulta barato comprar en la ZLC, a los beliceños les sería aún más atractivo. Muchos de esos 600,000 cruces se reducirían dramáticamente. Y no es algo imposible para Belize, pues al fin y al cabo en las actuales circunstancias la fuga de divisas se da de todos modos; por lo menos con ese recurso las compras serían parcialmente en negocios de ellos mismos.

Hay que tener cuidado con lo que se desea porque podría realizarse.

Además, no contamos con verdaderas armas como para poder amenazar con sanciones comerciales, pues difícilmente pueden darse cuando la balanza comercial nos es favorable en casi 98%. En otras palabras, el único elemento de presión hubiera sido la interrupción del suministro de energía eléctrica, el cual se rige por un contrato y romperlo nos hubiera costado más a la larga.

A mayor abundamiento, la solución de una buena parte del problema está de nuestro lado. Cualquiera que visite la ZLC puede constatar cuántos artículos allí ofrecidos son de importación prohibida o regulada. Si se venden e importan a México, debe ser de manera ilícita y la interdicción corresponde a nuestra aduana.

Parece evidente, en el fondo, la verdadera petición del sector mercantil: la restitución del status de Zona Libre para Chetumal. De hecho, el mejor argumento a favor de esa medida es precisamente la existencia de la ZLC y mientras más se agigante el impacto negativo de ésta, más razonable sonará la solicitud.

Pero las autoridades están conscientes de que la atracción de clientes del exterior se da incluso sin dicho status, como demuestran tantos y tantos beliceños cotidianamente presentes para compras, consultas médicas, recreación etc.

Más aún, hay un cierto grado de contradicción en el hecho de que la ZLC sea producto de una inversión mexicana y muchos establecimientos sean propiedad de empresarios de Chetumal; amén de verse allá numerosos vehículos de concesión federal quienes deben comprobar el gasto en combustible para efectos fiscales y ello no es posible con un recibo de la ZLC. Seguramente reciben ayuda en territorio nacional.

Para quienes hemos vivido el fenómeno fronterizo en otras latitudes resulta inexplicable la controversia. En la frontera norte es un factor aceptado, incluso aprovechado, las inevitables diferencias en la competitividad de uno y otro lado. Además, todo mundo sabe y acepta un hecho incotrovertible: el flujo y reflujo está directamente ligado a las fluctuaciones del tipo de cambio.

Dicho de otra manera, cuando el dólar está barato los mexicanos inundan los comercios norteamericanos; y cuando el peso baja se trasladan los primos del norte a los almacenes mexicanos.

Y lo mismo puede decirse de la venta de combustibles.

La ZLC es un fenómeno peculiar pues ni los mismos beliceños defienden su existencia, por lo menos oficialmente. Según uno de sus Ministros, como no se venden allí productos beliceños el único beneficio real es para los propietarios de los comercios, quienes no son siempre sus nacionales ni dejan todos las ganancias en su territorio.

Pero Belize se rige por leyes y no es posible simplemente ordenar el cierre de comercios legalmente establecidos. Ni se están violando preceptos de derecho interno, ni de derecho internacional, ni es un asunto, estrictamente hablando, de la agenda bilateral. No está en sus manos desaparecer el fenómeno y nada ganamos con tratar de presionarlos.

Si de verdad hay voluntad para hacer algo al respecto, se debe combatir el contrabando, clausurar los establecimientos clandestinos de venta de combustible, ponerle un arancel a la importación de gasolina y diesel, más allá de cierto nivel para consumo; dar todavía más facilidades a los compradores beliceños y dejar de alienar a la opinión pública de allá, para no forzar a su gobierno a defender a los inversionistas de la ZLC.

Todo ello tiene un costo, pues los miles de beneficiados por el positivo impacto de la ZLC en su economía familiar seguramente harían pública su molestia; pero si pesa más la opinión del sector comercial, entonces las medidas se justificarían.

Si me preguntaran mi opinión sobre el problema, les diría: la comunidad de Chetumal debe aprender a vivir con las ventajas y desventajas de ser frontera, no esperar solamente los beneficios.

VIII.- EL BELIZE DE HOY: MULTIETNICIDAD, LOS LAZOS CON EL CARIBE, LA ECONOMÍA, LA NUEVA CLASE POLÍTICA, “EL MINISTRO DE TODO”.

El decurso de un siglo y medio ha creado una población heterogénea en su composición étnica. Como ya quedó establecido, a la población Maya se han unido oleadas de inmigrantes africanos, garífuna, mestizos, chinos, etc., todos ellos partícipes de una nueva identidad cultural que no es británica, pero tampoco centroamericana.

Si bien prevalece el habla inglesa, lo que los identifica con la zona del Caribe, también es cierto que más de la mitad de los habitantes hablan español como lengua materna, lo que los acerca a sus hermanos de Centroamérica y México.

Los procesos simbióticos y sincréticos han dado vida a una nación con perfiles propios, que no por ser pequeña deja de detener derecho a la autodeterminación.

Pero los problemas de identidad son serios.

Hace poco me encontraba en un restorán acompañado de un Representante (Diputado) del Distrito de Corozal, cuando saludé a un Ministro sentado a pocas mesas de distancia. Para mi sorpresa, mi invitado apuntó pensativo: “¿No le parece extraño que usted y yo estemos hablando en español, comiendo con tortilla y comentando incidencias de la política estatal de Quintana Roo, mientras ese Ministro conversa en inglés con un nigeriano y está mucho más cerca culturalmente de él que de mí, a pesar de ser mi paisano?”.

Por mi parte le referí un incidente acaecido un mes de septiembre, cuando me acerqué a un funcionario beliceño encargado de los festejos del 10 de Septiembre (conmemoración de la ya citada Batalla del Cayo San Jorge), para ofrecerle la aportación de la Embajada de México para dicha celebración: un Mariachi. Pues bien, el funcionario de marras me agradeció cortésmente el gesto, pero declinó la oferta con un argumento al parecer inapelable: “la fiesta será muy beliceña”.

Me guardé diplomáticamente mis comentarios en aquella ocasión, pero al narrar el suceso a mi amigo de Corozal no pude evitar una reflexión: la nacionalidad beliceña se nutre de muy diversos componentes y uno de ellos es indiscutiblemente mexicano, así que no estaría fuera de lugar un mariachi. Pero para aquel funcionario la identidad era única, de carácter caribeño, es decir, referida a ese peculiar tinte cultural dejado por largos años de colonización inglesa.

En realidad la definición misma de lo caribeño es compleja. Durante mucho tiempo se habló de caribe angloparlante, para diferenciarlo de los hispanoparlantes de Cuba, República Dominicana o Puerto Rico; pero no todas las naciones de la región son uno u otro: hay países de habla francesa u holandesa por ejemplo.

Para escapar a la trampa de la diversidad de idiomas, en México nos sacamos de la manga la connotación países del Caribe cuyo idioma es distinto del español.

Sin embargo, en el entorno comúnmente identificado como región del caribe ni son todos los que están ni están todos los que son. Bahamas, Barbados, Trinidad y Tobago, Guyana y Surinam no están en el Caribe; mientras que Cuba y Puerto Rico sí están, pero no los consideran parte de la región.

Algunos autores han llegado a la conclusión de que se trata de una comunidad cultural, en la cual los orígenes uniforman ciertos rasgos culturales, como la música, religión, comida, etc.

Ello explicaría la pertenencia a CARICOM (Comunidad del Caribe) de Bahamas o Surinam, ambos situados fuera del Mar Caribe.

Belize mantuvo y mantiene estrechos lazos con la región caribeña. Durante años, de Jamaica llegaban nuevos colonos, suministros, fuerzas de defensa e instrucciones de la Corona. Generaciones enteras fueron a la Universidad de las Indias Occidentales en busca de instrucción superior. Los habitantes de muchos de esos países eran intercambiables, dada la formación colonial uniforme.

Por otro lado, la definición de Centroamérica presenta también problemas.

Mi primer contacto con las complejidades de esto fue durante una reunión del mecanismo de Tuxtla, cuya convocatoria hablaba de impulsar la cooperación entre México, Centroamérica, Belize y Panamá. Panamá no se considera parte de Centroamérica y Belize no era aceptado de pleno derecho, tal vez por temor a ofender a Guatemala.

Si tomáramos en cuenta sólo elementos geográficos no cabría duda: Belize está en Centroamérica; si además se considera el factor demográfico, por lo menos va para allá, a la luz de las tendencias de crecimiento por grupos étnicos. Incluso si analizáramos el asunto desde el punto de vista de conveniencias, saltarían a la vista las ventajas de pertenecer a una región con más de 100 millones de habitantes (contando a México).

De no haber existido el problema con Guatemala tal vez hoy Belize se sentiría más como parte de Centroamérica. En la actualidad sólo muestran esbozos de reconocimiento, como cuando escriben sus domicilios y anotan: Belize, C.A. (Centro América); o como se ve en las placas de circulación.

Verdaderamente sorprendente es constatar que un país de menos de un cuarto de millón de habitantes tenga tal variedad étnica. Aunados a los mayas, los mestizos, los creoles, los garífuna, los menonitas, los chinos (de Taiwán, de Hong Kong y de China continental), los indios, libaneses y hasta los ingleses, hay además una población de norteamericanos trasplantados (ellos se llaman expatriados).

Obviamente la idiosincrasia beliceña refleja esas influencias y cada vez es más difícil dibujar o identificar al beliceño típico.

Es más, cuando se presentan en el extranjero manifestaciones culturales éstas son siempre garífuna, a pesar de que la inmensa mayoría de los beliceños emigrados sean de origen Creole; aunque éstos dominan el gobierno, radican en Estados Unidos a ritmo de casi cien mil; y apuntalan la economía con sus envíos de dólares; en realidad no tienen cultura autóctona; son producto de un proceso de colonización que desvaneció sus rasgos culturales originales.

Se dice que el platillo nacional es el llamado rice and beans (arroz con frijol), pero eso es cierto en Belize City, no necesariamente en los distritos del norte, donde la comida es de origen Yucateco.

Además los pobladores de cada área son muy distintos. Si circula usted por Orange Walk se encontrará con que la gente acude a la Plaza los domingos, compra elotes y tacos de vendedores ambulantes y gusta de la música mexicana.

Si anda usted en automóvil en Belize City va a sorprenderse cuando vea que los peatones y ciclistas parecen no temer a los vehículos. En efecto, la gente camina, a su paso, por en medio de la calle aunque escuche un auto aproximarse. Vale la pena ver cómo los carros desfilan al paso de los peatones hasta que éstos decidan hacerse a un lado o lleguen a su destino.

Y la percepción del tiempo es igualmente distinta. En su mayoría, las quejas respecto de tráfico peligroso se refieren a la lentitud de éste, no a excesos de velocidad; nadie lleva prisa.

Cuentan que una vez un visitante contemplaba en cierto parque citadino un espectáculo inusitado: un hombre abría hoyos con una pala y otro lo seguía tapándolos. Curioso se acercó a preguntar qué estaban haciendo, a lo que respondieron: “estamos plantando árboles, pero hoy no vino el de los árboles”.

Belize se ha caracterizado por ser un país cuya economía se concentra en de la exportación de materias primas, principalmente madera, azúcar, melaza, plátano, cítricos y productos marinos (langosta y camarón).

Su alta dependencia de importaciones como energéticos, alimentos, maquinaria, aparatos eléctricos, etc., arroja un déficit en la balanza comercial que drena de divisas a su economía.

El precario sector industrial se limita a la producción de ropa, papel, cigarros, cerveza, refrescos embotellados y calzado.

Es el sector turismo el que muestra mayor dinamismo.

En efecto, cuenta con verdaderos tesoros en su litoral, así como naturaleza exuberante y centros arqueológicos de origen Maya; es parte del muy exitoso programa “Mundo Maya” y, sorprendentemente para un país de su tamaño, tiene numerosos vuelos internacionales de y hacia Estados Unidos, así como Centroamérica.

Se han preocupado por preservar su entorno ecológico a través de un estricto programa de reservas, parques nacionales y santuarios para especies en peligro de extinción, sin olvidar que su oferta como destino se tiñe de tonalidades ecoturísticas.

Cabe citar, cayendo un poco en lo anecdótico, que hay un Eco-Hotel, hotel campestre o algo por el estilo, en los altos del distrito de Cayo, propiedad del famoso productor cinematográfico Francis Ford Coppola, el cual atrae visitantes de todo el mundo.

La población original de Belize se dedicó, como ya quedó establecido, al corte de maderas. En consecuencia no existe tradición agrícola y hay poca inclinación a trabajar la tierra. Por ello, los suministros de productos agropecuarios tendrían que ser importados, a no ser por una sabia decisión tomada hace ya muchos años: se aceptó la inmigración de Menonitas procedentes de México.

Hoy, la inmensa mayoría consume pollo, leche, quesos, frutas, etc., sólo porque esos industriosos y peculiares mexicanos han creado un emporio en dos distritos: Orange Walk y Cayo. Resulta en verdad admirable constatar la transformación sufrida por ambos territorios, donde el paisaje se asemeja al de ciertas regiones europeas o norteamericanas, pero no todos son del tipo de Menonitas ortodoxos, no, estos paisanos usan tractores, camiones y todo tipo de aparatos modernos, bueno, excepto televisión en algunos casos.

Por cierto que se intentó por algún tiempo instrumentar un programa de incentivos para la inmigración, por medio del cual se premiaba con el otorgamiento de la nacionalidad beliceña a todo extranjero dispuesto a invertir una suma predeterminada.

La idea no es nueva e incluso en nuestro país hay algo parecido, es decir, nosotros recompensamos también a los inversionistas, pero con la calidad de inmigrante, no con la nacionalidad.

Sin embargo, en Belize el asunto se complicó en parte por el abuso del privilegio por parte de ciertos interesados (sobre todo chinos), quienes en realidad pretendían naturalizarse sólo como paso previo a su traslado al norte (EUA).

El otro ingrediente negativo fue la corrupción.

México elevó su protesta por las facilidades otorgadas, pues para ingresar a nuestro territorio esos extranjeros debían cumplir muy estrictos requisitos y con sólo adquirir la nacionalidad de Belize (lo cual era muy fácil) eludían los filtros y nos creaban severos problemas en la frontera norte.

Ante esa preocupante e irritante situación, el régimen (era el UDP, o sea Manuel Esquivel) decidió cambiar el ministerio encargado de migración al área del Ministro de Relaciones Exteriores, Dean Barrow, con lo cual lo convirtió en el más poderoso de todos sus ministros.

Dean Barrow es todo un personaje y merece mención especial.

Abogado de profesión, Creole de nacimiento, vecino de Belize City y extraordinario orador, Barrow se distingue por su cultura, elegancia y seguridad; indudablemente desenvuelto porque se sabe culto. Durante la administración de Esquivel era el responsable de una cartera increíble: Vice Primer Ministro, Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro de
Seguridad Nacional, Procurador General de Justicia, encargado de Migración y de Difusión.

Más joven que Esquivel representa una generación nueva, junto con Alfredo (Fred) Martínez, ex Embajador en México (desde mi punto de vista su encargo fue brillante) y más tarde Ministro de Comercio e Industria.

Pero esa es solamente la perspectiva del lado del UDP y nada nos dice respecto de los nuevos liderazgos en el extremo opuesto, es decir, en el PUP.

Desde que George Price se retiró (del puesto pero no de la política), el partido ha ido renovando su cúpula directiva, a través de una cuidadosa combinación de probados veteranos y prometedores novatos.

En efecto, Said Musa es nuevo líder en más de un sentido, dado que se trata de un hombre relativamente joven pero además se ha rodeado de un equipo de entusiastas (aunque inexpertos) profesionistas de nuevo cuño, de los cuales sobresalen el Vice Líder Johnny Briceño (su Tío “Polo” es toda una leyenda en la política local de Orange Walk), los hermanos Espat (Jorge y Mark), Godfrey Smith, Eamon Courtney, Dolores Balderamos y otros.

Unos fueron candidatos a la Asamblea por segunda vez, algunos se sometieron al juicio del electorado por vez primera, mientras que otros desempeñan labores partidistas y seguramente serán el futuro del Partido.

Un observador imparcial tiene que reconocer la ventaja adquirida por el PUP en la inevitable (y ya impostergable) labor de renovación, máxime cuando las nuevas generaciones del lado del UDP se ven escasas. Pero no es posible derivar de ello conclusiones firmes, sólidas; por el contrario, la veteranía y probada experiencia del liderazgo UDP podría ser ventajosa o la novatez del PUP perjudicial a corto plazo.

Y en esas circunstancias llegamos a las elecciones de 1998, verdadero hito en la breve historia independiente de Belize. Creo necesario plasmar aquí sus prolegómenos, realmente indispensables si se pretende entender el sistema y los usos políticos. Además, como resultado de esos comicios el panorama político cambió radicalmente y ese sólo hecho obliga a tratar el tema con detenimiento

Después de que el PUP arrasó en las elecciones municipales de 97 todo parecía indicar que su triunfo en los comicios nacionales estaba asegurado. Es más, si me hubieran pedido un pronóstico en enero de 1998, no hubiera dudado: ganaría el PUP dos a uno.

Pero faltaba la ofensiva del régimen y ¡vaya que lo fue!.

Pero antes de narrar los pormenores y estrategia del UDP permítame trazar un esbozo del sistema y sus métodos.

  • En una campaña política todo se vale (bueno, casi todo). Los ataques personales son la regla general y se lanzan alegremente patadas por debajo y por encima de la mesa.
  • Los candidatos lo son a asientos en el Parlamento y no a puestos de gobierno, los cuales vienen después.
  • Se sabe quién compite por el cargo de Primer Ministro (PM) porque el líder del partido ganador de la mayoría de las curules será automáticamente PM, pero no se vota para ese puesto específicamente.
  • Los medios de comunicación son peculiares: No hay diarios, todos los periódicos son semanarios y varios de ellos sólo pueden definirse como órganos partidistas, pues su orientación editorial es a todas luces la de alguno de los partidos.
  • Incluso los más profesionales, Amándala y The Reporter tienen clara preferencia política, pero no es ni abierta ni inflexible.
  • El gobierno tiene un mandato de cinco años, tras los cuales debe convocar a elecciones, pero como hay un plazo de gracia de tres meses, todos los regímenes se pasan un poco de los cinco años.
  • Hay 29 distritos electorales correspondientes a otros tantos asientos en la Asamblea Nacional (Parlamento); el partido que obtenga más de 15 gana y su líder será PM.
  • El gabinete de éste sólo puede estar formado por miembros de la Asamblea o el Senado, aquéllos electos y éstos designados.
  • Así, los aliados que se distinguen en la campaña pueden recibir un premio: el ministerio de su preferencia; pero algunos reciben por partida doble, pues pueden ser designados Senadores y con esa base recibir un Ministerio, sin pasar por el filtro del electorado.

El sistema es no sólo complejo, sino también falible. Como en las boletas no aparece el puesto de PM, se vota por un candidato a cierto distrito, es decir, lo eligen sus vecinos, no el voto mayoritario de la nación. Y puede darse el caso de que un partido obtuviera mayoría en la Asamblea pero su líder sea incapaz de ganar su distrito; en ese caso no puede ser PM.

En las elecciones del 98 se veía claramente esa posibilidad, pues ambos líderes enfrentaron fuertes contrincantes.

La campaña del UDP se concertó en cuestionar la personalidad de Said Musa, primero por medio de una acusación de falsedad en declaraciones ante la Asamblea Nacional, la cual resultó en una reprimenda del Presidente de Debates votada sobre estrictas líneas partidistas, es decir, el UDP impuso su mayoría.

Más tarde hubo una acusación por supuesto desvío de fondos, la cual se anunció como pérdida de ingresos para el fisco pero nunca se concretó en denuncia judicial. Eso sí, una Comisión ad hoc sentenció a Musa a devolver la suma desviada (sin precisar hacia dónde se desvió), pero como la Comisión carecía de vías de apremio todo quedó en ríos de tinta.

Se acuñaron frases verdaderamente lapidarias contra Musa: Si los atrapas pagan; si los eliges todos pagamos y así por el estilo.

Por su parte, el PUP se concentró en las propuestas y en una muy efectiva crítica de las promesas incumplidas por el régimen de Esquivel.

Al final no se comprobó el enfoque Lasorda, aquel manejador del equipo de béisbol Dodgers de Los Ángeles. Decía él: no importa cuán bueno sea un equipo va a perder un tercio de sus juegos; tampoco importa cuán malo sea un equipo, de todos modos va a ganar un tercio de sus juegos; la gran diferencia estriba, sentenciaba, en ganar o perder el otro tercio.

En la siguiente sección le contaré los pormenores de la elección misma, pero antes me referiré a algo totalmente inusitado: por circunstancias especiales soy el único Embajador de México con dos sedes.

IX.- UN EMBAJADOR ITINERANTE; LAS ELECCIONES DEL 98; LOS ÁRABES; EL NUEVO GABINETE.

A estas alturas ya sabe usted algo muy poco conocido: la capital de Belize es Belmopán; pero ¿qué sabe usted de esa capital? Fuera de lo aquí platicado seguramente se encuentra usted en las mismas circunstancias a las cuales me enfrenté cuando me hice cargo de esta Embajada, o sea muy interesado, curioso incluso, pero hasta ahí.

No se preocupe, ahora le cuento.

Belmopán, como todos los proyectos de construcción de capitales ad hoc, se ha quedado en una población burocrática. Cuenta con menos de 6 mil habitantes, buena parte de ellos población flotante, sin más fuentes de trabajo que las generadas por la presencia de los ministerios y otras dependencias inter relacionadas.

El lugar es bello, verde siempre, con una avenida tipo circunvalación y terrenos asignados de manera ordenada para cada fin; las oficinas en un lado, los servicios comerciales en otro, cerca de éstas la terminal de autobuses, del otro lado de la avenida los hoteles (dos), en un rincón separado las residencias, etc.

Ante la necesidad de contar con personal para los servicios elementales (guardias, jardineros, cocineras, mucamas, etc.), una cercana aldea de refugiados salvadoreños se fue integrando al perímetro urbano y es hoy una especie de ciudad satélite (¿pueblo satélite?).

Con el infalible ingenio popular ese asentamiento es conocido ahora como Salvapán.

Pues bien, a pesar de los esfuerzos del gobierno beliceño, el crecimiento de su nueva capital ha sido deficiente. La carretera es buena, el lugar es agradable, su ubicación impecable (en el corazón territorial del país, donde se cruzan importantes vías de comunicación terrestre), pero algo falta.

Ciertamente la capital financiera, turística, cultural y comercial sigue siendo Belize y poco ayudan decisiones como la de construir un nuevo y casi ostentoso edificio para el Banco Central ¡en Belize!.

Bueno, tal vez eso se llame pragmatismo, pero de todos modos la señal crea confusión.

Al menos durante algún tiempo se actuó con congruencia y casi todos los países con embajadas residentes fueron invitados (fue algo más que una simple invitación) a cambiar
sus sedes a la nueva capital. Hasta ahora muy pocos lo hayan hecho: Venezuela y el Reino Unido.

México es vecino, amigo y aliado en las más caras causas de la pequeña nación beliceña, de tal suerte que era inevitable que el Primer Ministro pidiera al Presidente su apoyo. Si México cambiaba su sede otros seguirían seguramente, se decía, para lo cual se nos asignó un terreno en óptima ubicación.

El compromiso político era claro y se tomó la decisión de apoyarlos. Se encargó el proyecto arquitectónico a uno de nuestros más conspicuos profesionales, Teodoro González de León, se construyó cancillería (oficina en el argot diplomático) y residencia en un mismo complejo y quedó todo listo para cumplir con el compromiso contraído.

Pues sí, pero no.

Cuando llegamos a hacernos cargo de la Embajada encontramos una serie muy larga de necesidades aún no satisfechas e indispensables para el cumplimiento del compromiso. Muebles, enseres, aparatos, equipo y el cabal funcionamiento de las instalaciones, cerradas demasiado tiempo y por ende con serios deterioros.

Y los recursos disponibles eran totalmente insuficientes.

El primer paso era pues, obtener apoyo financiero para reparaciones, adecuaciones y equipamiento, pero eso no era todo: Inexplicablemente no se habilitaron espacios suficientes en el área de oficinas, de tal suerte que incluso ya amuebladas y equipadas sólo aceptarían una parte relativamente menor de la actual cancillería.

En cambio se construyó una residencia amplísima.

Tal vez se tomó en cuenta el limitado desarrollo de la nueva capital y se resolvió edificar por etapas, pero si ese fuese el caso, parecería incongruente tener una representación reducida con una residencia para 10 personas. Hacía falta, obviamente, la memoria institucional, es decir, dilucidar las intenciones reales.

Por ahí investigamos que ya se hablaba del error cometido y algunos funcionarios observaban con preocupación el tamaño de la obra, sobresaliente en aquella geografía urbana y a su juicio demasiado ostentosa. Incluso hubo quien propusiera regalarle el edificio a Belize para que en él se ubicara un museo o casa de cultura y proceder a construir algo más adecuado al fin.

Otros hablaban del costo político y el problema de imagen si reconocer el error implicaba aceptar que hubo derroche de recursos, más aún si para corregirlo se tenía que gastar en otra sede.

Además, el paso del tiempo iba causando más y más irritación en los beliceños, entre quienes se escuchaba con gran sarcasmo la insistente pregunta ¿cuándo se cambian a
Belmopán?

Peor aún, la conseja popular ya había bautizado a la Embajada como El Búnker Mexicano, en obvia referencia el tipo de arquitectura usado, el cual mira totalmente hacia adentro y ni siquiera ventanas permiten ver de y hacia adentro.

Mire usted, sin ser experto en estas cuestiones parecería lógico suponer que la selección de estilos debió haber seguido uno de dos caminos: o se hacía algo que a simple vista recordara a México; o se respetaba el entorno y se seguía la tendencia arquitectónica imperante en el lugar, de tal suerte que la obra encajara armónicamente.

No se hizo ni uno ni otro.

Debo confesar mi propia aportación a la cadena de improductivas críticas, hasta que logré hacer valer un enfoque práctico, de aceptación de lo inevitable y de búsqueda de salidas asequibles. Primero había que acabar con las quejas y dejar de hablar del error cometido. Nada nos íbamos a ganar con lamentos. Al hacer un balance objetivo pudimos precisar los hechos fuera de nuestro control y analizar las opciones.

El compromiso seguía ahí y no podíamos cambiar toda la Embajada, tanto por la limitada disponibilidad de espacio para oficinas, como porque ciertas materias y labores sólo podían desahogarse en Belize; y había un edificio que sin uso se iba deteriorando, al tiempo que se constituía en motivo de mordacidad y reclamaciones.

Tomamos la decisión de dejar de hablar de mudanza y empezar a planear la apertura de la nueva Embajada de México en Belmopán. Dado que no podemos trasladar las secciones consular, comercial o de cooperación, pues en Belize están el aeropuerto, el puerto, los bancos, las cámaras, los hoteles etc.; amén de que el Instituto Cultural tiene su propio edificio en Belize, no hay razón para preocuparse por el espacio en la nueva sede.

En cambio las relaciones políticas sí se pueden y deben reubicar en la capital, aunque esa aseveración acepta ciertos matices.

En efecto, los ministros sólo despachan en Belmopán lunes y martes (ninguno vive allí); los miércoles se trasladan a sus oficinas en Belize; los jueves recorren sus respectivos distritos legislativos (que puede ser el propio Belize); y los viernes pueden o no ir a la capital dependiendo de los asuntos pendientes o firma.

Optamos por abrir la Embajada y asegurar la presencia del titular cuando los ministros se encuentren en la capital.

Ahí se acabaron las discusiones.

El plan original era trasladarnos a Belmopán los domingos por la tarde y quedarnos allá hasta el miércoles por la mañana, pero no siempre ha sido posible cumplir con ese itinerario, pues como las embajadas están casi todas en Belize siempre hay alguna actividad programada por la noche en esos días.

Pero sí echamos a andar servicios consulares en la capital, de tal suerte que aunque no esté presente el Embajadores es posible tramitar permisos de turista a diario. Además, la Agregaduría Militar sí se trasladó a Belmopán y ya se están impartiendo clases de español allí, con lo cual el edificio está funcionando normalmente.

La solución es práctica pero no muy ortodoxa. En otro país probablemente hubieran presentado objeción al extraño fenómeno de las dos sedes. Pero en Belize el trato es mucho más relajado, flexible; entendieron perfectamente los problemas y dieron prioridad a la apertura de la cancillería en su Capital política.

Cuando el propio gobierno modifique su esquema y los ministros se muden a la capital, puede replantearse el dispositivo; por ahora se cumplió el compromiso de abrir la Embajada y se acabaron los reclamos y las puyas.

Antes de cerrar el tema permítanme platicarles una anécdota.

El anterior PM, Manuel Esquivel, es un hombre parco, sumamente serio y circunspecto. Durante mucho tiempo traté de penetrar su casi petrea expresión y puedo presumir de haberlo logrado algunas veces, al menos eso me comentaron otros diplomáticos quienes le oyeron hacer referencia a “lo que me dijo el Embajador de México”.

Pues bien, cuando terminamos de amueblar y equipar la nueva Embajada me pidió organizar una modesta recepción a fin de entregarme un obsequio de su gobierno, como muestra de su complacencia por el cumplimiento de la promesa. Ese día, con la satisfacción natural de la labor terminada, recibimos de sus manos una escultura en caoba y coral, plagada de obvio simbolismo en relación con los orígenes de Belize.

Mientras conversábamos animadamente, alguien de su equipo preguntó “¿y cuándo será la mudanza definitiva?”. A pesar de mi prolija explicación sobre las dificultades y obstáculos de tal empresa, el hombre no cejaba y trataba de extraer algún compromiso respecto del plazo para esa mudanza. Al final, ya impaciente, le respondí: “cuando se cambie el Banco Central acá”.

Se hizo un silencio embarazoso por unos instantes, interrumpido de pronto por una sonora carcajada del Primer Ministro Esquivel.

El inevitable resultado de todo este proceso ha sido la figura de un Embajador itinerante. Ya no sólo se trata de recorrer nuestra circunscripción o de visitar nuestro consulado honorario en Corozal, sino además de dividir el tiempo entre las dos sedes.

Nada de eso ha cambiado a pesar del tiempo transcurrido y de que hoy gobierna otro partido.
Y a propósito, volvamos a conversar sobre esas elecciones de 1998 que marcaron un parte aguas en la política interna y ameritan un tratamiento más de cerca.

Desde principios de 1998 se empezó a calentar el ambiente pre-electoral, en cuanto los partidos contendientes designaron a sus candidatos por cada distrito. En realidad se sabía de antemano quienes serían los contrincantes, pues por un lado los representantes en funciones son todos candidatos a reelección, mientras que el sistema permite la designación de un portaestandarte, quien se encamina a ser el candidato, en aquellos distritos donde no se
tiene la titularidad.

De esa manera la pre campaña puede desarrollarse desde mucho antes, tal como sucedió en aquel momento.

No obstante, hubo algunos cambios de última hora que recordaron a los interesados la naturaleza preliminar de sus candidaturas. Cuando el partido en el poder presentó y aprobó una reforma al estatuto electoral, la dedicatoria fue evidente: se pretendía favorecer a Derek Aikman a fin de presentarlo como candidato en el distrito donde contendía Said Musa.

Al parecer el UDP buscaba derrotar al líder de la oposición y así asegurarse de que no fuera PM incluso si el PUP ganaba la mayoría de las curules.

Por su parte, la oposición anunció la candidatura de un popular conductor de televisión (Dickey Bradley) en el distrito detentado por Dean Barrrow (el Ministro de Todo), con pretensiones similares y reconocimiento implícito de la fuerza adquirida por éste en el gobierno.

Podía haber coincidencia en las tácticas, pero las estrategias no podían ser más contrastantes.

El gobierno se dedicó a atacar directamente Musa, con acusaciones de deshonestidad, corrupción, falta de ética y así por el estilo. Incluso se hizo vaga referencia a su origen palestino como si ello fuera defecto. El lema de campaña “es cuestión de confianza”, parecía tener destinatario especial y pretendía despertar la desconfianza del electorado hacia Musa.

La oposición por su parte expuso las fallas del régimen durante los cinco años previos y prometió reactivar la economía, crear empleos (quince mil) y construir vivienda popular (diez mil). Adicionalmente ofrecieron iniciar una Reforma de Estado, la cual permitiera corregir la obvia confusión entre los poderes ejecutivo y legislativo y lograr un mayor control popular sobre los actos de los ministros.

La propaganda del gobierno mostraba un alto grado de profesionalismo, lo cual motivó especulaciones respecto de su autoría, incluso rumores sobre la supuesta contratación de un consultor norteamericano. Por supuesto desmintieron firmemente la especie, pero al fin y al cabo estaban en su derecho pues ninguna disposición prohibe tal recurso.

En cambio la publicidad del PUP se antojaba artesanal, sin la profusión y visibilidad de la del régimen. En una ya avanzada etapa, hacia el mes de agosto de ese año de 1998, cierto grado de desaliento parecía permear las filas del PUP.

Corría el insistente rumor de que el mismísimo George Price enfrentaba un formidable reto en su distrito y que su derrota era muy probable. En aquella coyuntura, el gobierno se mostraba cada vez más confiado más seguro de su victoria. En varias regiones el paisaje se teñía de rojo; donde todos y cada uno de los postes portaban un cartel y fotografías de sus candidatos.

La televisión bombardeaba al público con tronantes condenas a la poca confiabilidad de Musa y enormes mantas aconsejaban al electorado “Si teme a Musa vote por nosotros; es cuestión de confianza”.

No se molestaban en afirmar por qué se debía temer a Musa.

Algunos observadores se preguntaban por qué no había respuesta en el mismo tono, es decir, por qué no cuestionar la honestidad de algunos notorios personajes del gobierno a quienes la opinión pública tenía catalogados como corruptos, o por lo menos sembrar dudas respecto del origen de sus ya ostentosas fortunas.

Pero no se hizo.

Ya próximas las elecciones vino una reacción del PUP, cuando reapareció Price en su propaganda y Musa concedió una entrevista en la radio para explicar su programa de gobierno. La imagen de sinceridad proyectada, así como el aval del intachable Price, sin duda ganaron terreno a la oposición, pero parecía ser muy poco, muy tarde.

Para rematar el oscuro panorama, a una semana de la elección Dean Barrow convocó a una conferencia de prensa y dejó entrever que anunciaría una bomba contra las pretensiones del PUP. Aquella mañana se aglomeraron no sólo los reporteros sino también los curiosos; el
Procurador y Ministro de tantas cosas mostró un fax supuestamente procedente de Panamá, donde se pedían informes sobre un tal Ralph Fonseca, coordinador de la campaña del PUP y ex Ministro de Finanzas.

La explicación del Procurador fue que ese nombre había aparecido durante una investigación por lavado de dinero.

Para sorpresa de todos los presentes el acusado estaba allí y se enfrentó al Procurador.

Pidió oportunidad de defensa y cuestionó la honestidad y oportunidad de la pública denuncia, en circunstancias sospechosamente favorables a la campaña del régimen.

El Procurador y Ministro de tantas cosas trató de evitar su intervención, pero el sentido de fair play (juego limpio) heredado de los británicos prevaleció entre los asistentes.

Al siguiente día, Fonseca circuló un oficio de la propia Interpol aclarando la situación y negando la existencia de una investigación en su contra.

La marea empezaba a cambiar.

Poco después y con los comicios ya en puerta, otro Ministro, Hubert Elrington, durante una entrevista pidió al electorado cautela ante la amenaza de los árabes (evidente referencia a los orígenes familiares de Musa (palestino), los hermanos Espat (libanés) y otros candidatos por diversos distritos).

La reacción de la opinión pública fue de molestia.

A tres días de los comicios alguien preguntó al PM Esquivel su opinión sobre las aventuradas declaraciones de Elrington y cuando todo mundo esperaba una respuesta cauta, ecuánime y congruente con su personalidad, Esquivel sorprendió a propios y extraños al decir: “son árabes ¿no?”.

Esta vez la reacción de condena fue casi unánime. El mismísimo Obispo católico aclaró poco después que los árabes en cuestión eran cristianos y, por supuesto, beliceños.

Las tendencias electorales tomaron un rumbo casi definitivo

El jueves 27 de agosto se abrieron las urnas a las 7:00 A.M. en medio de un impresionante despliegue de unidad partidista por parte del PUP. Esa mañana fue a verme a la Embajada un diplomático sudamericano que estaba de visita en Belize y me dio el primer diagnóstico de la jornada: la ciudad estaba teñida de azul.

El grado de participación fue verdaderamente extraordinario y probaría ser sin precedente. Un promedio de 90% del padrón votó aquel día. Más que una jornada electoral fue una fiesta democrática, como pude constatar al recorrer las diversas áreas de la ciudad. El entusiasmo era contagioso y generalizado.

A pesar de ser un país pequeño, Belize integró un sistema de información a través de Internet que fue dando los resultados conforme se reportaban las casillas. Ya entrada la
noche se empezó a develar la sorpresa: uno a uno fueron sumándose los distritos favorables al PUP, hasta convertir la victoria en abrumadora.

Mi más optimista pronóstico favorecía a la oposición con unos 18 asientos, pero la realidad superó aquellas expectativas: ¡el PUP ganó 26 de 29 distritos!. Además, el margen de cada triunfo era apabullante, en ocasiones de tres a uno. La debacle para el UDP fue total. Todos los ministros, incluyendo al propio Primer Ministro, perdieron sus curules, excepto Barrow, pero incluso éste retuvo su curul con un margen de 47 votos.

El viernes 28 de agosto, Said Musa fue ungido como Primer Ministro, mientras Esquivel renunciaba al liderazgo del UDP y el Vice Líder, Dean Barrow, tomaba las riendas de un partido diezmado, abatido y en urgente necesidad de reestructuración, casi refundación.

En este caso el éxito creaba un problema para Musa, pues sus compañeros esperaban ser recompensados con alguna cartera ministerial y simplemente no había suficientes puestos para todos. Por añadidura, una buena parte de su campaña se había basado en la acotación del número de ministerios, a fin de evitar que se confundieran los poderes.

La composición resultó ecléctica, con una cuidadosa mezcla de nuevos valores con probados líderes regionales.

Ciertamente dominaron los jóvenes, representados por el Vice Primer Ministro John Briceño, los ministros de Turismo y Seguridad Nacional Mark y Jorge Espat, el Ministro de Educación
Cordel Hyde, la titular de la cartera de Desarrollo Humano Dolores Balderamos (sic); pero también estaban allí Florencio Marín, invicto representante por el Distrito de Corozal y Ralph
Fonseca, a quien nos referiremos más adelante.

Y forzosamente se quedaron en la orilla otros, para quienes hubo comisiones legislativas.

Por el lado del UDP prácticamente desaparecieron del mapa político la mayoría de sus más destacados dirigentes, lo cual, combinado con el claro mensaje del electorado, orilló al nuevo
líder a procurar recomponer sus cuadros.

Se completaba así el cambio generacional.

Si bien la alternancia volvió a operar, no habría ya recuperación del poder para los familiares nombres de los líderes George Price y Manuel Esquivel.

Una nueva era había comenzado.

X.- REFORMA POLITICA; EL MINISTRO PERSPECTIVAS Y PROSPECTIVA. DE TODO LO DEMÁS;

Una de las más interesantes propuestas del nuevo régimen es un ambicioso proyecto designado como “Reforma Política”. En la superficie pareciera ser labor de ingeniería constitucional, en busca de equilibrios y salvaguardas en el ejercicio del poder; pero en realidad es algo más profundo y complejo.

En su toma de posesión, Said Musa se refirió a la dualidad de identidades de Belize, nación centroamericana del área del caribe; y dijo parte de su discurso en español, otro segmento en maya e incluyó un mensaje en garífuna.

El simbolismo es poderoso, pero la tarea es sumamente compleja.

Contar hoy con una población diversa es oportunidad y reto. A diferencia del proceso de asimilación norteamericano identificado como olla de cocimiento, donde se van integrando los elementos hasta desaparecer como grupo; Musa propone costurar un mosaico de identidades, todas beliceños pero todas con su acervo cultural a salvo.

Mire usted hasta dónde puede llegar esto.

Se ha ponderado cuidadosamente un cambio en el sistema a fin de sustituir a la Reina como Jefe de Estado, sin abandonar el régimen parlamentario, por medio de la elección de un Presidente como Jefe de Estado y tal vez incluso la elección directa del Jefe de Gobierno (Primer Ministro), como se hace en Francia.

La población de origen mexicano y centroamericano se siente identificada con la figura del Presidente y por medio de ese recurso les sería más accesible y aceptable el sistema parlamentario.

No sólo eso, hay actitudes casi atávicas que apuntan a dicha solución.

Durante el gobierno de Esquivel había un hombre fuerte, el llamado Ministro de Todo, quien en realidad actuaba como Jefe de Gobierno mientras el PM se reservaba las funciones y responsabilidades de Jefe de Estado, sólo nominalmente atribuidas a la Reina.

Hoy, Said Musa ha empezado a favorecer un dispositivo similar, en el que su hombre fuerte es Ralph Fonseca, Ministro de Planeación, Programación de Presupuesto, Inversiones, Comercio Exterior, Banca y Zonas de Libre Comercio. En buena medida se repite la historia, pues el PM atiende las responsabilidades de Jefe de Estado y delega en Fonseca las labores de gobierno al interior, lo de día a día.

Por eso he acuñado para él, en broma, el título de Ministro de Todo lo Demás, pues se encarga prácticamente de aquello que Barrow no atendía en el gobierno anterior y como éste era Ministro de Todo….Fonseca es un hábil negociador y experto en negocios que está a cargo de los aspectos económicos del régimen. Controvertido como todo el que saca la cabeza y da el frente, hasta ahora ha recibido notas aprobatorias hasta del Fondo Monetario Internacional.

A juzgar por los indicadores más usuales, la economía va viento en popa; sobre todo si se observa el dinamismo de la industria de la construcción. Además, con la ayuda del susto dado por Mitch, Belmopán pasa por una etapa de intensa transformación, aunque algo desordenada.

Que quede claro pues: Ni critico el método ni repruebo su manejo; no es todo miel sobre hojuelas para los hombres fuertes. Pero sí parece obvia la tendencia a dividir la carga de gobierno entre dos, como supuestamente hace el sistema Westminster, lo cual justifica plenamente la propuesta de una reforma.

Pero la iniciativa lleva en su definición el germen de su fracaso.

Para poder darle congruencia se puso en manos de una Comisión Plural, la cual nunca captó la naturaleza de la oportunidad y se limitó a recomendar cambios cosméticos. De hecho concluyó que todo iba bien, pero no tan bien como debiera.

Musa deberá echar mano de sus considerables recursos políticos para revivir la iniciativa, lo cual es perfectamente posible, pues el PM goza de un mandato indiscutible, sabe abrirse espacios y tiene una clara visión de la clase de país deseado por los beliceños a futuro.

Por eso construyó una excelente relación personal con el Presidente Zedillo, quien captó de inmediato dichas virtudes.

Ya desde su toma de posesión, Musa dejó en mente de la representante presidencial, Rosario Green, una impresión muy favorable. Durante un cena privada de la que fui testigo
revisaron la agenda bilateral, replantearon algunos aspectos torales de ésta, coincidieron en su diagnóstico respecto de la relación misma y en general prevaleció la claridad de conceptos, así como una evidente empatía.

Más tarde, cuando Musa realizó una visita oficial a México, se confirmó la personal simpatía existente entre ambos jefes, evidente en el cálido trato recíproco y en varios detalles muy significativos.

A manera de muestra baste recordar que durante la Cena Oficial hubo camaradería, buen humor y relajado protocolo, sobre todo cuando el PM mandó llamar a la mesa de honor a Paz Cervantes, hasta poco antes Directora de Instituto de Cooperación y Cultura México-Belize y ya jubilada.

Musa le pidió a su amigo el Presidente de México asignar a Paz a la coordinación del proyecto del Museo Nacional de Belize y el Sr. Presidente instruyó de muy buena gana a la Canciller para que instrumentara aquello.

Al final de la amable cena, ambos recorrieron mesa por mesa saludando a cada comensal e incluso se tomaron una foto con todos los embajadores que México ha tenido acreditados en Belize desde su independencia., felizmente allí presentes.

En fin, puede decirse que el futuro de Belize se basa en instituciones fuertes, de corte marcadamente democrático, pero persiste un cierto grado de indefinición respecto de su pluralidad étnica y cultural.

El crecimiento de la población hispana es una variable de la mayor importancia y de tendencia irreversible, pero subsiste una corriente obstinada en preservar la imagen tradicional del beliceño, manifestada cuando un Ministro y el propio Jefe de Gobierno, cuestionaron durante los últimos comicios la legitimidad de origen de un candidato sólo por ser de etnicidad distinta.

El voto de protesta contra dichas manifestaciones elevó al poder al PUP y deja en claro la voluntad mayoritaria, tenazmente opuesta a la exclusividad de cierto grupo. Tan beliceños son los de origen maya como los libaneses, mestizos, garífunas o creoles. En la simbiosis está la clave, no en la pureza cultural o el idioma.

Por ello suena moderno y aceptable el discurso del PUP, pues no sólo reconoce y acepta la multietnicidad de los beliceños, sino que la practica en su seno. Una vez superada la amenaza guatemalteca, es posible visualizar una mayor integración con Centroamérica, talvez hasta convertir a Belize en el eslabón entre las dos regiones.

También es posible predecir un acercamiento real con el vecino amigable, fraternal, aquel que nunca ha condicionado su apoyo y siempre los ha acompañado en sus causas: México. Hasta ahora hemos sido buenos vecinos y grandes amigos; nos falta aprender a ser socios.

La alborada del siglo anuncia una nueva era de progreso para Belize, así como lazos cada vez más estrechos con México. Tal vez una cosa sea condicionante de la otra.

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